La propuesta del staff del FMI apunta a ampliar la base de Ganancias, reformar el monotributo e implantar un ‘IVA dual’ para reemplazar Ingresos Brutos; las pymes responden que, tal como está, la reforma puede ser regresiva y no resuelve la carga subnacional. Según CAME (citado por la nota del 1/6/2026), Ingresos Brutos sigue siendo el recurso fundamental para las provincias y representa aproximadamente el 80% de la recaudación propia de muchas jurisdicciones.

¿Qué propone el FMI y por qué lo cuestionan las pymes?

El staff del FMI plantea un IVA dual similar al adoptado en India (2017) y Brasil (2022) para eliminar el efecto cascada de Ingresos Brutos, trasladando la carga hacia el consumo, según el informe citado. La propuesta incluye ampliar la base del impuesto a las Ganancias y revisar el monotributo. Las cámaras de pymes y especialistas tributarios, encabezadas por CAME, sostienen que la discusión omite las distorsiones subnacionales: tasas municipales y regímenes provinciales de retención que, combinados, afectan la competitividad.

CAME advierte que la presión fiscal subnacional no solo es elevada sino fragmentada, y que cualquier pacto fiscal debería apuntar a reglas permanentes —no solo a reducciones nominales de alícuota— para evitar reversibilidad por decreto. Ese planteo explica la resistencia: la reforma nacional no soluciona la multiplicidad de regímenes provinciales y municipales.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

En la práctica, los tributos provinciales y municipales incrementan los costos operativos de las empresas y terminan trasladándose al consumidor. Según la misma fuente, los gravámenes subnacionales y tasas retributivas representan entre el 2% y el 6% de las ventas brutas de una empresa. Además, las tasas municipales de seguridad, habilitación o inmuebles pueden equivaler a 0,3%–1,2% adicionales sobre ventas brutas, sin una contraprestación individual clara.

Otro efecto relevante es el mecanismo de retenciones y percepciones: las empresas acumulan saldos a favor que, en la práctica, no siempre pueden recuperar con rapidez. CAME señala que muchas provincias no publican datos sobre esos saldos a favor, por lo que el contribuyente enfrenta un ‘préstamo forzoso’ al fisco provincial en contextos de alta inflación. Para consumidores y mercados, eso significa precios más altos y menor inversión privada si no se atenúan las distorsiones.

Qué podemos hacer: recomendaciones prácticas para pymes y ahorristas

Para una pyme la prioridad es administración del capital de trabajo. Recomendamos conservar un colchón de liquidez equivalente a 3–6 meses de gastos operativos, negociar plazos con proveedores y revisar esquemas de retención para evitar sorpresas de caja. Si la empresa es monotributista, conviene evaluar el uso de devoluciones o créditos fiscales (por ejemplo, ARCA cuando corresponda) para reforzar la liquidez o pagar deudas caras.

Para el ahorrista común, la lectura macro es la misma que venimos sosteniendo: mantener fondo de emergencia de 3–6 meses, priorizar el pago de deudas con tasas elevadas y reservar parte del ahorro en dólares como protección cambiaria. No conviene cambiar de estrategia por anuncios: una reforma tributaria puede tardar años y su impacto final dependerá de los detalles de implementación y de los acuerdos con provincias y municipios.

Cierre: pragmatismo sobre promesas

La discusión fiscal que propone el FMI incluye herramientas útiles para eliminar cascadas fiscales, pero las críticas de las pymes subrayan una verdad práctica: si no se resuelven las tasas municipales y los regímenes provinciales de retención, la reforma corre el riesgo de trasladar costos sin aliviar la carga real. Mientras se define el rumbo, la acción útil es doméstica y concreta: ordenar caja, reducir pasivos caros y reservar moneda extranjera cuando sea posible. El cambio estructural es necesario, pero la mejor decisión hoy es proteger la liquidez y la continuidad del negocio.