La industria electrónica y de electrodomésticos enfrenta un fuerte deterioro de sus márgenes: los costos de producción se incrementaron entre 15% y 35% en algo más de un año, mientras las ventas retrocedieron 1,7% interanual en el cuarto trimestre de 2025, según el INDEC. Esa combinación —menor demanda y costos al alza— resume por qué las fábricas advierten riesgo de ajuste de empleo y pérdida de capacidad productiva.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Vemos una doble presión: por un lado, la demanda se retrae y, según el INDEC, las ventas del sector en el cuarto trimestre de 2025 bajaron 1,7% interanual (comparación Q4 2025 vs Q4 2024). Por otro lado, las empresas afrontan aumentos de costos que, según asociaciones del sector, oscilaron entre 15% y 35% en poco más de un año. Esa combinación licúa márgenes y obliga a muchas compañías a elegir entre trasladar precios al consumidor —arriesgando más caída en la demanda— o absorber pérdidas que ponen en riesgo empleos. En ese sentido, no es irrelevante que algunos productos, como los aires acondicionados, habían mostrado una dinámica distinta: crecieron 22% interanual en el último trimestre según estadísticas sectoriales, pero ahora ese nicho corre peligro por el encarecimiento del cobre y la logística.
¿Por qué suben tanto los costos?
Hay factores externos y domésticos que se combinan. En lo externo, la incertidumbre geopolítica en Oriente Medio aumentó el precio de la energía y tensionó rutas marítimas: los fletes aumentaron hasta 1.200 dólares por contenedor, con recargos adicionales por combustible del orden de 300 dólares por contenedor, según fuentes de la industria. A eso se suma la apreciación del yuan cercana al 5% en el último año, que encarece insumos importados. En materias primas clave, el cobre pasó de un promedio cercano a 4,6 dólares por libra hace un año a 5,5–5,8 dólares por libra actualmente, y el aluminio subió desde unos 2.400 dólares por tonelada a más de 3.200 dólares por tonelada, según reportes del sector. Además, la demanda global de componentes (paneles de TV, DRAM y NAND) empujada por la expansión de la inteligencia artificial explica proyecciones de subas de entre 45% y 60% en el corto plazo, según proveedores internacionales. Esa conjunción aumenta plazos de entrega y reduce alternativas de sustitución inmediata.
¿Qué pedir y qué hacer desde la política pública?
Observamos que hace falta una intervención rápida y focalizada para evitar destrucción de empleo y capacidad productiva. Apoyamos alivios fiscales temporales y dirigidos a las empresas que mantengan empleo y producción, con condiciones claras de transparencia y fiscalización; esos alivios no deben financiarse con recortes a jubilaciones o salarios. En lo concreto, medidas como líneas de crédito a tasa subsidiada para capital de trabajo, compensaciones temporales a los costos logísticos —por ejemplo, bonificaciones acotadas a fletes constatables— y aceleración de reintegros por exportaciones pueden ayudar a transitar la volatilidad. Al mismo tiempo, es indispensable cuidar la demanda interna: un mercado doméstico deprimido reduce la posibilidad de trasladar costos sin destruir ventas. A mediano plazo, la política industrial debe combinar crédito, incentivos a la incorporación de tecnología y estímulos a la integración local de insumos, para no depender solo de precios internacionales.
Perspectiva: evitar que la crisis deje cicatrices duraderas
No alcanza con parches financieros si no hay estrategia productiva. Exigimos que cualquier alivio sea condicional a mantener empleo y inversión, auditado públicamente, y que se enmarque en un plan que promueva sustitución inteligente de importaciones y formación técnica. Además, la administración cambiaria y las políticas de comercio importador deben coordinarse para que la vulnerabilidad ante choques externos no vuelva a golpear tan fuerte a las industrias intensivas en insumos. En resumen: proteger empleo y consumo ahora, con medidas focalizadas y transparentes, y construir capacidades productivas para el mediano plazo; esa es la manera de evitar que la actual ola de costos se traduzca en desindustrialización permanente.