El Tesoro recompró Letras Intransferibles por 18,4 billones de pesos, de acuerdo con la Resolución Conjunta 27/2026 publicada en el Boletín Oficial. Esta cifra es el punto de partida para una operación que el Gobierno presenta como saneamiento del balance del Banco Central y reducción de deuda bruta del Tesoro; su efecto macroeconómico, sin embargo, depende de qué se haga con esos pesos y de si la maniobra evita o termina siendo financiamiento monetario.

¿Qué se hizo y cuánto vale realmente?

Vemos una operación con varios números clave. El monto aplicado fue de 18,4 billones de pesos, según la resolución oficial publicada en el Boletín Oficial. El analista Salvador Vitelli calcula que esa operación equivale a un monto efectivo cercano a u$s13.225 millones y que permitió recomprar Letras por un valor nominal original de u$s20.434 millones, lo que implica una paridad promedio ponderada cercana al 65% (según Vitelli). Economía estimó que la cancelación tendría un impacto equivalente a aproximadamente 3,3% del PBI sobre la deuda bruta, de acuerdo al comunicado oficial citado por la prensa. Además, el economista Federico Machado proyecta que, tras la recompra, el stock remanente de Letras Intransferibles quedaría en u$s32.156 millones de valor nominal y cerca de u$s8.500 millones a valor contable (según Machado). Estos números muestran que la mejora es, por ahora, sobre el papel y depende de valuaciones y paridades.

¿Esto significa financiamiento monetario encubierto?

Aquí está la discusión central que vemos desde la perspectiva de mercados y sostenibilidad fiscal. Gabriel Caamaño subraya la diferencia entre balances individuales y el consolidado del sector público: las Letras Intransferibles son deuda intra-sector público y, consolidando Tesoro y BCRA, ese pasivo tiende a eliminarse en la suma, según el análisis citado en la nota. Pero el punto práctico es la mecánica de fondos. Parte de los 18,4 billones provienen de utilidades del BCRA por resultados contables de 2025, impulsadas por valuación de activos, oro y menor costo de pasivos remunerados, según la misma fuente. Si esas utilidades hubieran sido realizadas mediante venta de activos y el Central hubiera retirado pesos del mercado antes de transferirlos, no habría expansión monetaria. El diseño anunciado deja inmovilizados 18,4 billones mediante la recompra y otros 6 billones en la cuenta del Tesoro en el BCRA (según el comunicado oficial), pero si esos depósitos se usan luego para comprar divisas, cancelar deuda en el mercado o cubrir vencimientos, la expansión contenida hoy puede materializarse mañana. Por eso los mercados preguntan si esto es saneamiento o un préstamo indirecto del BCRA al Tesoro.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino y qué condiciones pedimos?

Desde nuestra lectura, apoyamos la normalización de balances solo si es transparente y evita financiamiento encubierto. La recomposición patrimonial del BCRA iniciada a fines de 2023 puede avanzar con esta operación en lo contable, pero sin anclas fiscales y garantías de independencia del Central la mejora corre riesgo de revertirse. Pedimos tres condiciones verificables: 1) transparencia completa sobre el origen de los fondos y las valuaciones usadas (según la resolución y los cálculos de mercado), 2) inmovilización o fideicomiso de los pesos por un plazo definido antes de cualquier uso para vencimientos, y 3) una senda fiscal clara que reduzca el financiamiento del Tesoro vía BCRA. Si se cumplen, la operación mejora la confianza y reduce ruido sobre el balance del Central; si no, puede convertirse en nuevo canal de emisión con impacto sobre la brecha cambiaria y la inflación. En definitiva, celebramos el gesto contable pero exigimos reglas que impidan que el saneamiento sea, a la postre, aire para financiar gasto público.