El salario medio real anual en Argentina se contrajo 18,8% entre 2018 y 2024, siendo el peor desempeño de América Latina según el análisis de Argendata citado por Ámbito. Esta es la cifra que resume el problema: no se trata de un episodio aislado sino de una pérdida acumulada que combina inflación, estancamiento del producto y decisiones distributivas.

¿Por qué se desplomaron los salarios?

Observamos una combinación macro que explica la caída salarial. Por un lado, la inflación crónica licuó ingresos; por otro, el PBI no logró un sendero sostenido de crecimiento. Según el artículo base, la economía creció 4,4% en 2025, tras -1,3% en 2024 y 1,6% en 2023, cifras que muestran volatilidad y en ningún caso una recuperación suave y sostenida. El resultado salarial se traduce en diferencias por sector: los salarios públicos acumularon una pérdida real de 35,23% entre 2017 y 2025, según el índice de salarios e IPC del INDEC, y los privados perdieron 18,94% en el mismo período, también según INDEC. A esto se suma el problema demográfico: con población creciendo cerca de 1% anual, el PBI per cápita no alcanzó para recomponer ingresos reales.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La caída de los salarios reduce la demanda interna y presiona la actividad de pymes y comercios. Vemos además efectos distributivos claros: la pérdida de poder adquisitivo del sector público fue mucho mayor (35,23% entre 2017 y 2025, INDEC), y en la era del actual gobierno los registros muestran una acumulación adversa para el empleo y la renta laboral —por ejemplo, el artículo refiere que en la era Milei los públicos acumulan una pérdida de 17,03% y los privados 1,55% desde su inicio—. Menos salario real significa menos consumo, lo que a su vez frena la inversión privada orientada al mercado interno y genera un círculo vicioso. Además, cuando los salarios se erosionan, las familias recurren al ahorro en moneda dura o a endeudamiento, incrementando vulnerabilidades macro y la fuga de divisas. En este contexto, sostener el empleo y el consumo es imprescindible para que la recuperación sea inclusiva.

¿Qué hicieron (y no hicieron) otros países de la región?

El contraste con México y Costa Rica es instructivo. Argendata muestra que México registró un avance real del salario medio anual de 22,4% entre 2018 y 2024 y Costa Rica 11,6%. En México, según especialistas citados, hubo una política deliberada de aumentos salariales mínimos desde 2016 y saltos aún más fuertes con el gobierno de AMLO, con subas anuales en torno al 20–25% en algunos años. En Costa Rica, la combinación de crecimiento cercano al 4% y disciplina monetaria contribuyó a mejorar salarios reales, según datos citados por Ámbito y el Banco Mundial. Pero estos ejemplos traen lecciones mixtas: en México se discute hoy el impacto en precios de servicios y la relación entre salarios y productividad. La enseñanza es clara: recomponer salarios sin productividad ni crecimiento sostenido puede generar tensiones, y recomponerlos con crecimiento exige políticas activas de oferta y demanda.

Qué medidas urgentes y de largo plazo precisamos

Desde nuestra perspectiva, la prioridad inmediata es proteger el empleo y el consumo mediante alivios focalizados y transparentes. Apoyamos medidas de recomposición salarial que se acuerden con productividad y que vayan acompañadas de compensaciones progresivas para los sectores más vulnerables. Rechazamos financiar la consolidación fiscal mediante recortes a jubilaciones o salarios: es socialmente injusto y macroeconómicamente contraproducente. A mediano plazo hacen falta políticas productivas que impulsen la inversión y la productividad —crédito barato para pymes, incentivos a la inversión en cadenas de valor y formación técnica— y regulación cambiaria inteligente que evite la fuga de ahorros que erosionan la capacidad de sostenimiento del mercado interno. El diagnóstico es claro por los números: sin crecimiento sostenido y sin protección del salario real cualquier intento de estabilización será incompleto y desigual.

Cerramos con un punto político: si el salario no se recupera, la demanda interna seguirá débil y la desigualdad se profundizará. La recomposición salarial debe ser parte de un paquete coherente de políticas que combine sostenibilidad fiscal con compromiso explícito para no recortar jubilaciones ni sueldos, mayor transparencia en el uso de recursos y medidas de impulso productivo que permitan sostener mejoras salariales en el tiempo.