El NEA encabezó la inflación en marzo con 4,1% mensual, y acumuló 11,5% en el primer trimestre, según datos del INDEC. Estos números contrastan con el nivel nacional de 3,4% mensual y 9,4% en lo que va del año (INDEC), lo que confirma que la suba de precios pega con más fuerza en el norte argentino.

¿Por qué sube más la inflación en el NEA?

Vemos que la dinámica regional está marcada por alimentos y servicios. Según el INDEC, Alimentos y bebidas no alcohólicas crecieron 4,5% mensual en el NEA en marzo, con fuerte incidencia de carnes y derivados (INDEC). Además los servicios regulados aumentaron 7,4% mensual en la región, y el rubro Educación tuvo subas de hasta 22,7% por el inicio del ciclo lectivo (INDEC). Estas cifras muestran que no se trata solo de presiones transables o cambios en el tipo de cambio, sino de ajustes dirigidos a gastos cotidianos y servicios con impacto directo en los bolsillos.

La comparación interanual también es relevante: la inflación interanual del NEA llegó a 33,4%, frente al 32,6% promedio país (INDEC). Ese diferencial confirma que la presión no es un episodio aislado sino una tendencia que erosiona el poder adquisitivo donde los ingresos suelen ser más bajos.

¿Cómo impacta esto en los hogares y en el empleo?

Cuando los precios de alimentos y servicios suben más que los salarios, se produce una pérdida real de ingresos que no es neutral para el empleo. Observamos en economías regionales como las del NEA una mayor fragilidad laboral: los hogares destinan una proporción mayor de su ingreso al consumo básico, y esto reduce la capacidad de ahorro y de demanda de bienes durables que sostienen industrias locales. Según el INDEC, en marzo los servicios en el NEA aumentaron 6,1% mientras los bienes subieron 3,5%, lo que evidencia un traslado creciente de la factura mensual hacia rubros más rígidos (INDEC).

Ese desplazamiento afecta con especial dureza a mujeres y trabajadores informales, que concentran el gasto en alimentos y transporte. Desde la perspectiva distributiva, la inflación diferencial redistribuye ingresos hacia quienes cobran precios regulados o exportadores y golpea a asalariados y jubilados. Por eso insistimos en que cualquier ajuste debe proteger el empleo y los ingresos más vulnerables.

¿Qué medidas se necesitan y qué riesgos evitar?

La respuesta debe combinar corto y mediano plazo. En lo inmediato proponemos alivios fiscales focalizados y temporales que sostengan consumo de los hogares más afectados y la demanda de empleo local, pero con transparencia y criterios claros de focalización. No apoyamos financiar esos alivios con recortes a jubilaciones o salarios: hacerlo licuaría ingreso real y profundizaría la recesión de demanda interna. Además, la política tarifaria exige una mirada distinta: ajustes graduales, con protección para quienes destinan mayor parte de su ingreso a servicios básicos.

A mediano plazo, la solución pasa por fortalecer la oferta y la logística regional para bajar costos de alimentos y transporte, mejorar acceso a crédito productivo y políticas de precios y competencia en mercados locales. También es indispensable coordinar políticas nacionales y provinciales para que la variación regional de precios no se traduzca en desigualdad territorial creciente. En ese sentido, cualquier paquete debe evaluarse por su efecto sobre el empleo, la distribución y la capacidad productiva regional, no solo por su impacto fiscal inmediato.