El Fondo Monetario Internacional sostiene que América Latina llega mejor preparada al nuevo shock petrolero después de casi 20 años de reformas que fueron consolidando un ancla de expectativas, mientras que en Argentina ese anclaje sigue siendo frágil y conflictivo (según el FMI). El informe cita el período 2021–2023 como una etapa de fuerte inflación regional pero con expectativas de largo plazo relativamente estables en países como Chile, Perú, México y Brasil (según el FMI). También recuerda intentos fallidos en Argentina en 2016–2018 y cambios críticos a fines de 2017 que dañaron credibilidad (según el FMI).

¿Qué dice el FMI y por qué importa?

El mensaje central del informe es simple: cuando las expectativas inflacionarias están ancladas, los shocks externos (por ejemplo un salto del petróleo) se transmiten mucho menos a precios y salarios. El FMI apunta que ese ancla no nace de la noche a la mañana; es el resultado de casi 20 años de institucionalidad y comunicación clara (según el FMI). En el caso de Brasil, el organismo remarca la transición post-1999 hacia metas de inflación con mayor transparencia y autonomía del banco central como ejemplo de éxito (según el FMI). Esa experiencia muestra que la credibilidad crece gradualmente, y que señales públicas inconsistentes provocan retrocesos rápidos. Para los países de la región, entonces, la receta es clásica pero exigente: disciplina fiscal, bancos centrales independientes y metas claras (según el FMI).

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

En Argentina el FMI coloca al país como el contrapunto: el informe recuerda que tras la salida de la convertibilidad nunca se consolidó un régimen de metas estable, y que el intento 2016–2018 fracasó por la falta de precondiciones (según el FMI). El organismo reconoce que el programa de estabilización lanzado a fines de 2023 logró reducir rápidamente algunos indicadores —menor inflación mensual y caída de la brecha cambiaria en etapas iniciales— pero advierte que ese tipo de régimen híbrido difícilmente sea sostenible en el largo plazo sin un marco fiscal y político sólido (según el FMI). Además, el FMI alerta que la apreciación real del peso llegó a erosionar competitividad, lo que limitó la acumulación de reservas y obligó a más flexibilidad cambiaria (según el FMI). Para mercados y empresas esto significa incertidumbre sobre costos y precios: una recuperación de la demanda interna puede chocar con pérdida de competitividad si no hay un ancla creíble.

¿Qué políticas propuestas pueden sostener una ancla creíble sin castigar al empleo?

Compartimos la preocupación por la credibilidad, pero rechazamos financiar estabilizaciones vía recortes a jubilaciones o salarios. El salario es demanda; licuarlo implica profundizar la recesión. En cambio proponemos medidas que mejoren sostenibilidad fiscal sin bajar el ingreso de los sectores vulnerables: 1) reempadronamiento y focalización de subsidios como el de SUBE para ahorrar recursos sin afectar movilidad urbana; 2) uso focalizado del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para sostener empleo y consumo en sectores exportables y de industria; 3) mejorar la comunicación y la autonomía del BCRA acompañada de metas realistas y predecibles. El FMI subraya que la credibilidad requiere coherencia entre política fiscal, monetaria y cambiaria (según el FMI). Nuestra propuesta busca esa coherencia sin pagar el ajuste con jubilaciones ni salarios.