El Banco Central compró más de USD 5.000 millones en el mercado de cambios desde comienzos de 2026 mientras las reservas netas retrocedieron USD 865 millones, y ese aparente equilibrio cambiario convive con una microeconomía en deterioro. Según la consultora Invecq, las compras del BCRA representaron en promedio el 20% del volumen operado y fueron casi el doble que en el primer trimestre de 2025 (Invecq). Esta nota examina por qué el dólar ‘quieto’ es, en gran medida, un espejismo que combina ventas genuinas de divisas, presión fiscal y endeudamiento de hogares y empresas.

¿Qué está ocurriendo con el dólar y las reservas?

Vemos una dinámica dual: compras recurrentes del BCRA que moderan la cotización y una erosión de las reservas netas. De acuerdo con Invecq, el BCRA adquirió más de USD 5.000 millones desde enero y esas intervenciones explican en promedio el 20% del volumen diario; empero, las reservas netas cayeron USD 865 millones (fuente: Invecq/BCRA). Además, el Tesoro absorbió el 67% de los dólares comprados por el BCRA para pagar vencimientos, dejando las arcas netas en torno a USD -15.500 millones (fuente: informe oficial citado por la nota). Comparado con el primer trimestre de 2025, las compras casi se duplicaron, pero esa cifra positiva no se traduce en mayor disponibilidad real de reservas para enfrentar shocks.

¿Cómo impacta esto en las familias y las pymes?

La calma cambiaria no llega a mostradores ni a balances familiares. La mora de préstamos a hogares subió a 11,2% en febrero, el máximo desde 2004, y acumula 16 meses consecutivos de aumento (consultora 1816). La mora total del sector privado llegó a 6,7% y la de empresas a 2,9% (1816). En paralelo, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó que las ventas minoristas pyme cayeron 0,6% interanual en marzo y el primer trimestre cerró con una baja acumulada de 3,6% (CAME). El crédito que el Gobierno busca impulsar ya choca con hogares endeudados, tasas altas —préstamos personales con TNA alrededor del 70% y TEA cercana al 100%, según reportes bancarios citados— y empresas con capacidad ociosa, lo que limita el efecto multiplicador sobre la demanda interna.

¿Es sostenible el puente de crédito y el uso de reservas para sostener la calma?

La estrategia tiene límites claros. Reducir encajes para expandir crédito no necesariamente baja el spread bancario: la TNA de préstamos personales ronda 70% y la TEA cerca del 100%, muy por encima de la tasa de referencia, por lo que el crédito sigue caro (fuente: reportes sectoriales). Vectorial advierte que los bancos ya prestaron al segmento con mejor perfil de riesgo y ese piso está tocado; el resultado es mora creciente sin expansión real de consumo. Además, la recaudación fiscal sufre: los Ingresos Totales de la Administración Pública Nacional cayeron 3,5% interanual real y los ingresos impositivos retrocedieron 11,5% real, según la ASAP. Ese combo obliga al Tesoro a apoyarse en adelantos y en usar divisas del BCRA, lo que erosiona la sostenibilidad de cualquier puente cambiario construido sin anclas fiscales.

¿Qué deberían exigir los mercados y qué debería hacer el Gobierno?

Los mercados exigirían dos condiciones mínimas: transparencia sobre el origen y uso de las compras de divisas, y señales creíbles de anclaje fiscal. Respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro; hay que priorizar extensión de plazos de deuda y anclas fiscales. En la práctica eso significa: 1) publicar el detalle de intervenciones y transferencias interinstitucionales (BCRA/Tesoro), 2) negociar extensión de vencimientos en mercados y con acreedores, 3) combinar ajuste del gasto con medidas que protejan a los sectores vulnerables para evitar que la recesión deteriore aún más la recaudación. Sin esas condiciones, la calma del dólar será frágil y la microeconomía seguirá pagando la cuenta.