El Banco Central ajustará en mayo las bandas cambiarias en 3,4%, el porcentaje equivalente a la inflación de marzo informada por el INDEC, dejando un techo en $1.761,12 y un piso en $790,88 según el esquema oficial. Este ajuste automático amplía el margen de flotación y reduce la necesidad de intervención dentro del rango, pero tiene efectos indirectos sobre expectativas y precios.
¿Qué cambió en el mecanismo de bandas?
Desde el 2 de enero rige un sistema en el que el límite superior e inferior se actualizan diariamente para completar, durante el mes, el porcentaje de inflación más reciente con un rezago de dos meses, reemplazando la actualización fija del 1% mensual previa. Vemos que la idea del BCRA es dar mayor flexibilidad cambiaria y evitar saltos bruscos en el tipo de cambio, según la comunicación oficial. En términos concretos, el mayorista cotizó a $1.364 en la última rueda (según datos de mercado), lo que deja una brecha de alrededor del 23% respecto del techo vigente de $1.677,45, y evidencia que el tipo de cambio opera todavía lejos de la cota superior. Además, el mecanismo corrige el atraso real del techo frente a una inflación más elevada; en enero el piso arrancó en $914,78 y el techo en $1.529,03, cifras que ahora quedan atrás si se compara con los ajustes acumulados.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
A corto plazo el régimen reduce la intervención discrecional: dentro de la banda el BCRA no compra ni vende, lo que debería bajar la tensión operativa. Sin embargo, observamos otros datos que moderan el optimismo: el BCRA compró u$s185 millones en una rueda reciente y acumula u$s5.718 millones en 2026, elevando las reservas brutas a u$s45.873 millones (según reportes del BCRA). Esa acumulación depende de oferta estacional del agro y de la capacidad del Central para esterilizar la liquidez asociada. Si las compras se financian con pases o con emisión no transparente, hay riesgo de que la mayor base monetaria termine alimentando la inflación, que en marzo subió 3,4% mensual y sumó 9,4% acumulado en el primer trimestre de 2026, según INDEC. Por ende, el mercado valora la señal de reservas, pero pregunta por la sustentabilidad y la transparencia del proceso.
¿Qué riesgos vemos y qué exigimos desde esta columna?
Respaldamos la acumulación ordenada de reservas siempre que sea transparente y no constituya financiamiento encubierto del Tesoro. Observamos tres riesgos concretos: primero, el traslado más directo de la inflación al tipo de cambio si el BCRA replica subas de precios, lo que puede alimentar una espiral; segundo, la presión sobre las tasas reales cuando la desinflación avanza a ritmo más lento del esperado, como advirtió la consultora Criteria al señalar exceso de liquidez y tasas en mínimos; tercero, el costo político de postergar anclas fiscales mientras se busca comprar divisas. Por eso exigimos condiciones: que las compras se fundamenten en oferta privada (por ejemplo del agro), que la esterilización sea explícita y comunicada por el BCRA, y que el Tesoro priorice extensión de plazos y disciplina fiscal. Sin esas condiciones, la acumulación de reservas corre el riesgo de ser una ilusión temporal que deje como saldo mayor inflación y volatilidad futura.
Cerramos con una comparación temporal clave: la inflación de marzo de 2026 (3,4% mensual, INDEC) es levemente inferior a la de marzo de 2025 (3,7%), pero la tendencia desde mayo de 2025 es ascendente; eso es lo que obliga al BCRA a ajustar las bandas más rápido y nos obliga a pedir reglas claras sobre cómo se financian las compras de reservas para evitar financiar el déficit con dólares.