Se trata de que la recomposición de reservas del Banco Central —compras por más de u$s10.000 millones en lo que va de 2026— dejó las reservas brutas en torno a u$s48.500 millones, pero ese avance depende en gran medida de las liquidaciones del agro y está expuesto a un posible ‘Súper Niño’ que podría revertir el flujo de divisas (según BCRA; PPI; CIARA).

¿Cómo puede un “Súper Niño” complicar la estabilidad cambiaria?

Un evento de El Niño de intensidad alta suele traer lluvias por encima de lo normal en la zona núcleo y puede provocar inundaciones que retrasan siembras y cosechas, deterioran calidad y aumentan costos logísticos. NOAA asigna 82% de probabilidad de que El Niño se consolide entre mayo y julio y 25% de probabilidad de que alcance intensidad extrema; el Servicio Meteorológico Nacional confirma una “muy alta probabilidad” de desarrollo (NOAA; SMN). La vulnerabilidad macro es directa: en lo que va del año el agro liquidó u$s10.343 millones, 12% por debajo del año pasado en el acumulado anual, y cualquier caída adicional en líquido por efectos climáticos reduciría la oferta de dólares disponible para reservas y para cubrir importaciones (CIARA; Bolsa de Comercio de Rosario).

¿Qué tan dependiente es la economía argentina del agro para las divisas?

La agroindustria sigue siendo la columna vertebral del ingreso de divisas. Según la Bolsa de Cereales de Còrdoba, el agro aportaba alrededor de 6,5 de cada 10 dólares exportados, es decir 65% del total, frente a cerca de 70% hace unos años (Bolsa de Cereales de Córdoba). En mayo el sector liquidó u$s2.677 millones, el mayor monto mensual del año, y el BCRA registró compras por u$s2.601 millones; PPI y CIARA señalan que prácticamente la totalidad de esas divisas fue absorbida por la autoridad, lo que muestra la magnitud del canal. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta liquidaciones por u$s36.100 millones para 2026, uno de los niveles más altos en 16 años, pero con fuerte concentración estacional entre mayo y septiembre (BCR).

¿Qué implica esto para la política cambiaria y las reservas?

La buena noticia es que la corriente de dólares permitió al BCRA recomponer stocks y sostener un dólar oficial que se apreció en términos reales porque avanzó por debajo de la inflación. La mala noticia es la fragilidad del anclaje: si el clima daña la próxima campaña o incentiva la retención de granos ante la expectativa de menores retenciones en 2027, el flujo podría secarse y reactivar presión sobre el tipo de cambio y la brecha. Históricamente, episodios climáticos extremos han generado choques externos persistentes y pérdidas económicas relevantes a mediano plazo (estudio Dartmouth sobre episodios de 1982-83 y 1997-98). Por eso la acumulación de reservas debe ser vista como un colchón, no como licencia para financiar al Tesoro mediante ventas indirectas de activos.

Qué debería hacer la política económica ahora

Primero, preservar la integridad del balance del BCRA: compras transparentes, sin condiciones implícitas de financiamiento al Tesoro, y con contabilidad clara sobre reservas y operaciones de futuros. Segundo, reforzar anclas fiscales: reducir déficit estructural para no depender de reservas en caso de shock. Tercero, contener riesgos de oferta de alimentos con inversiones en infraestructura de drenaje y almacenamiento, y promover seguros climáticos para productores. Cuarto, comunicar con claridad el horizonte de política cambiaria y las reglas de intervención para evitar que el mercado interprete la recomposición de reservas como un colchón disponible para financiar gasto. Si el clima da vuelta el mapa, los mercados reaccionarán rápido; solo la combinación de reservas legítimas, disciplina fiscal y Banco Central independiente puede convertir un viento externo favorable en estabilidad duradera.