El dato clave es simple: la inflación de abril fue 2,6% según el INDEC y el IPC acumulado en cuatro meses roza 14% (INDEC), mientras que el Top 10 del REM del BCRA proyecta un tipo de cambio mayorista en $1.423 para junio y $1.611 para diciembre. Ese cuadro —inflación aún por encima del 2% mensual y un dólar con depreciación prevista cercana al 13,2% en la segunda mitad—define la tensión entre carry en pesos y la presión sobre el tipo de cambio.
¿Por qué sostienen la calma el dólar y qué puede cambiar?
La calma cambiaria actual se apoya en dos fuerzas observables: la liquidación de la cosecha gruesa y compras del BCRA. Según analistas citados por Ámbito, la entrada de soja sigue abasteciendo oferta y da margen al BCRA para comprar reservas (Anzalone, CEPEC; Tiscornia, C&T). El REM muestra $1.423 en junio y $1.444 en julio como puntos de referencia (BCRA, Top 10 REM). El riesgo evidente es estacional y de continuidad: si la liquidación se frena o si empiezan a activarse ventas financieras —por ejemplo, por falta de confianza en el financiamiento— la calma puede terminar. El FMI en su Staff Report de mayo valoró la acumulación de reservas pero subrayó que la sostenibilidad depende de la evolución del tipo de cambio real y la consistencia monetaria (FMI, mayo 2026).
¿Las tasas protegen el ahorro o están en negativo real?
Las tasas en pesos ya muestran tensiones. El REM proyecta una TAMAR de 23,15% TNA para junio y 23,52% TNA para diciembre, lo que equivale a una tasa efectiva mensual cercana al 1,9% (BCRA, REM). Frente a una inflación proyectada por el Top 10 del REM de 2,3% para junio, eso deja colocaciones tradicionales en terreno negativo en términos reales. Además, la curva está mostrando signos de ajuste: Anzalone advierte que los inversores podrían exigir rendimientos más altos si la inflación no baja conforme a lo esperado. Mientras tanto, las tasas activas para créditos personales siguen elevadas —alrededor del 65% según Tiscornia— lo que muestra una segmentación del mercado financiero. Si las licitaciones del Tesoro requieren mayores tasas para renovar deuda, la presión sobre las tasas en pesos crecerá rápidamente.
¿Qué riesgos despliegan las expectativas y la segunda mitad del año?
Las expectativas siguen siendo un punto débil: la inflación esperada a 12 meses según el Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella llegó a 37,5% promedio, el nivel más alto desde febrero (UTDT). Esa expectativa ancla es incompatible con tasas reales durablemente negativas. Además, CEPEC proyecta un dólar oficial en torno a $1.750 hacia fines de 2026 y $2.250 en 2027, y un CCL cerca de $1.840 a fin de año, condicionando el escenario de brechas si la política no genera confianza. La combinación de inflación persistentemente elevada, expectativas rígidas y una posible reversión en la oferta de divisas hacia la segunda mitad constituye un riesgo claro: que los inversores reclamen primas mayores y que la dinámica de carry se deteriore, provocando aceleraciones del dólar o presión para subir tasas.
¿Qué debería hacer el BCRA y el Gobierno para sostener el equilibrio?
La respuesta política es conocida y no admite atajos: sostener reservas es positivo solo si se hace con reglas y sin funcionar como caja del Tesoro. Apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales e independencia del BCRA. Con números: si la TAMAR deja tasas reales negativas respecto a la inflación esperada (REM Top 10, 2,3% en junio), el BCRA debe estar dispuesto a ajustar la política monetaria o acompañarse de una estrategia fiscal creíble para evitar que el mercado pida mayores rendimientos. Recomendamos: publicar regularmente compras de reservas y su origen, aclarar el calendario de licitaciones del Tesoro y avanzar en señales fiscales concretas que reduzcan la incertidumbre sobre el déficit. Sin esas medidas, la calma actual será frágil y condicionará no sólo el carry sino la inversión privada a mediano plazo.