El dólar oficial cerró recientemente en $1.370,50, tras caer en 11 de las últimas 14 jornadas (según el BCRA). En lo que va de 2026 el tipo de cambio mayorista se contrajo 5,8% acumulado, equivalente a una baja de $84,50 sobre el inicio de año, y en el Banco Nación la caída llega al 6,1% (unos $90 menos) en el mismo período (fuentes: BCRA, Banco Nación).

Por qué bajó el tipo de cambio

La explicación que dan los operadores combina tres fuerzas: una fuerte liquidación del agro, colocaciones de deuda privada y provincial, y tasas reales positivas que favorecen estrategias de carry trade. Según PPI, la liquidación diaria promedió u$s88 millones en enero y u$s84 millones en lo que va de febrero, cifras que explican parte sustancial del exceso de oferta cambiaria.

En la cuenta financiera, las emisiones de deuda provinciales y corporativas aportaron divisas netas, destacándose la colocación de Santa Fe, y además el BCRA realizó compras en el Mercado Libre de Cambios que ayudaron a engrosar las reservas brutas hasta su nivel más alto desde octubre de 2019 (según datos oficiales del BCRA).

¿Estamos ante una pax o frente a un atraso peligroso?

Hay motivos para pensar que la corrección del tipo de cambio puede sostenerse en el corto plazo. Por un lado, la cosecha de trigo y la expectativa de una liquidación agrícola cercana a u$s40.000 millones en 2026, según estimaciones citadas por analistas, ofrecen una base sólida de oferta en divisas. Por otro lado, el Tesoro mostró un sesgo contractivo y el rollover de deuda en licitaciones recientes fue superior al 100%, lo que empujó hacia tasas nominales y atrajo capitales a pesos en el corto plazo.

Pero esa lectura tiene otra cara. El Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) se ubica en su nivel más apreciado desde junio de 2025, según el propio BCRA, lo que reaviva señales clásicas de atraso cambiario: aumento de la brecha, demora en la liquidación futura de exportaciones y adelantamiento de importaciones en caso de repunte de la actividad.

¿Qué significa para distintos actores?

Para los ahorristas: tasas reales positivas y oportunidades de carry en pesos explican por qué muchos desarmaron posiciones en dólares, pero esa dinámica puede revertirse si las expectativas cambian y sube la volatilidad cambiaria.

Para los exportadores: hoy hay incentivos a liquidar cosecha, pero un TCRM apreciado reduce la competitividad. Según PPI, la liquidación estacional sostenida es la principal explicación de la oferta actual, pero su continuidad depende de precios internacionales y de la velocidad de ventas futuras.

Para importadores y la industria: un peso apreciado en términos reales baja el costo de insumos importados, pero si la actividad se recupera rápidamente las importaciones pueden dispararse y presionar otra vez el mercado cambiario.

Riesgos y escenarios plausibles

Vemos dos escenarios principales: 1) Pax extendida: la liquidación agroexportadora, colocaciones y compras del BCRA sostienen la oferta y el tipo de cambio sigue moderadamente a la baja sin mayores distorsiones; 2) Rebote del dólar: la apreciación real combina con recuperación de la actividad y/o retirada del carry trade, generando un fuerte ajuste al alza y mayor volatilidad, con probable repunte de la brecha.

Los datos actuales favorecen el primer escenario en el corto plazo, pero las señales de atraso real obligan a no confiarse. Históricamente, episodios similares en Argentina terminaron con correcciones bruscas cuando las reservas se usaron para frenar ajustes o cuando la independencia monetaria se debilitó.

Qué esperamos y qué recomendamos

Respaldamos la acumulación de reservas por parte del BCRA siempre y cuando no se transforme en financiamiento encubierto del Tesoro. Las reservas mayores dan margen, pero sólo son útiles si acompañan políticas coherentes: mantener independencia del Banco Central, evitar uso del tipo de cambio como ancla fiscal y permitir una transición ordenada del control de cambios.

En lo inmediato aconsejamos cautela: los agentes económicos deberían monitorear la evolución del TCRM (comparado con junio de 2025), la continuidad de la liquidación agrícola (según PPI) y las compras netas del BCRA en el mercado. Si la apreciación real persiste, lo responsable sería empezar a discutir un sendero de normalización cambiaria que reduzca incentivos al atraso y minimice el riesgo de rebote desordenado.

La caída del dólar no es en sí una victoria. Es un termómetro que hoy marca condiciones favorables, pero también enciende la alerta sobre cómo se financia y se sostiene esa situación. Sin reglas claras, la serenidad cambiaria puede convertirse rápidamente en tensión.