Vemos a muchas familias llegando a fin de mes con decisiones imposibles: recortar alimentos, postergar medicación o renunciar a la educación privada que antes definía su pertenencia a la clase media. Según el INDEC, la Canasta Básica Total por adulto fue de $440.226 en enero de 2026, y la Canasta Básica Alimentaria, que marca la indigencia, fue de $201.939 (INDEC, enero 2026). Estos números no son abstracciones: definen lo que una familia necesita para cubrir alimentos, servicios, transporte y salud.
Qué piden los números
Para hogares, el INDEC estima que una familia tipo de cuatro integrantes requiere una CBT de $1.360.299 por mes; si se aplica el criterio de agregar un 15% para situarse en el piso de la clase media, ese monto sube a $1.700.373 (INDEC, enero 2026). En hogares de tres y cinco integrantes los valores son $1.082.956 y $1.430.735 respectivamente, y los pisos de clase media calculados en $1.353.695 y $1.788.418 (INDEC, enero 2026). Estos guarismos muestran que muchos salarios básicos quedan muy lejos de garantizar la estabilidad mínima.
Inflación y alimentos: la combinación que erosiona salarios
Los precios no se movieron de forma homogénea. La CBT subió 3,9% mensual y 31,6% interanual en enero de 2026, mientras que el Índice de Precios al Consumidor aumentó 2,9% intermensual (INDEC, enero 2026). El rubro alimentos y bebidas no alcohólicas mostró un salto mayor: 4,7% mensual y 35,9% interanual, empujado por subas estacionales y concentradas, como el tomate redondo (+92,6%) y la naranja (+30,9%) (INDEC, enero 2026). La Canasta Básica Alimentaria creció 5,8% mensual y 37,6% interanual (INDEC, enero 2026). En la práctica, esto significa que incluso cuando la inflación general parece moderarse, los alimentos siguen licuando el poder de compra real del salario.
Qué implica para el empleo y la demanda
Desde nuestra perspectiva, el salario no es solo un costo: es demanda agregada. Si los salarios reales caen, el consumo se retrae y la industria local sufre doble golpe: menos demanda interna y presión competitiva de importaciones. Vemos ya sectores con ventas planas y fabricantes que postergan inversiones; eso termina traduciéndose en menos empleo o peores condiciones laborales. Por eso insistimos en que proteger el poder adquisitivo no es solo justicia distributiva, sino también política industrial.
Distribución y cuidados: quién pierde más
La estructura familiar en los ejemplos del INDEC incluye a personas mayores y a jóvenes; en la realidad esas cargas recaen con frecuencia sobre mujeres que asumen cuidados y trabajos informales. Cuando los precios suben y los salarios no alcanzan, aumenta la sobrecarga de labores no remuneradas y se profundiza la precariedad laboral femenina. La medición de CBT y CBA debe complementarse con políticas que reconozcan y alivien esas cargas.
Qué políticas son plausibles y urgentes
Primero, consolidar salarios mediante paritarias que no se limiten a sumas temporales: las negociaciones deben asegurar aumentos básicos que no sean erosionados por la inflación alimentaria. Segundo, combinar control de precios focalizado en alimentos esenciales con políticas de producción que reduzcan la volatilidad estacional: almacenamiento, logística y apoyo a productores familiares. Tercero, revisar tarifas y subsidios de manera que los hogares vulnerables no paguen el ajuste completo y la estructura de costos no se traslade automáticamente a precios finales.
Cierre con mirada a futuro
La foto de enero 2026 muestra a familias que necesitan, en la práctica, mucho más que el salario promedio para considerarse de clase media. Defender el ingreso significa defender la demanda y, con ella, el empleo y la posibilidad de crecer sin depender solo de ajustes por costos laborales. No hay atajos: sin salarios que cubran la CBT, la recuperación será desigual y frágil.
Fuentes: INDEC, informe de Canasta Básica Total y Canasta Básica Alimentaria, enero 2026.