Las pymes atraviesan una caída de demanda que ya se traduce en capacidad ociosa y pérdida de empleo: según APYME en diálogo con Perfil Córdoba (19/4/2026), la industria opera al 52–53% de capacidad instalada y la textil apenas en torno al 20%, mientras que el sector registra “en el orden de los 300.000 puestos formales menos”. Ese es el dato central que explica por qué muchos incentivos que anuncian “recuperación” no tocan la realidad cotidiana de pequeñas y medianas empresas.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Vemos una contracción de la demanda que convierte cualquier incentivo teórico en una promesa vacía si no se acompaña de salvavidas para la operación. APYME reporta uso de capacidad al 52–53% y sectores como la textil en el 20% (APYME, Perfil Córdoba, 19/4/2026), cifras que implican plantas con máquinas paradas y cadenas de pago truncadas. La caída en el empleo formal —“alrededor de 300.000 puestos menos”, según APYME— reduce aún más el mercado interno, generando un circuito recesivo: menos consumo, menos producción, menos inversión. Esta dinámica confirma un axioma que sostenemos: el salario y el empleo son demanda agregada. Sin demanda no hay impulso productivo que justifique incentivos a la inversión a gran escala.
RIMI: ¿incentivo o trasvase de renta?
La reglamentación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) fija montos mínimos de inversión y cupos fiscales que, en la práctica, resultan inaccesibles para la mayoría de las pymes. Según la reglamentación del RIMI (Gobierno Nacional, abril 2026) se contempla una inversión mínima en torno a los US$9 millones, un umbral que deja fuera a gran parte del universo pyme. APYME advierte que, por su diseño, el RIMI puede canalizar recursos hacia empresas de mayor escala o con participación extranjera, reforzando desigualdades dentro del entramado productivo (APYME, Perfil Córdoba, 19/4/2026). En esa línea, la apertura importadora y la flexibilización de controles también presionan la competitividad local: si se permite la entrada de bienes subdeclarados o usados a precios inferiores, las empresas locales —con altos costos de insumos como energía o acero— pierden mercado y no encuentran incentivo real para invertir.
Qué políticas hacen falta ahora
Las pymes piden alivios inmediatos para hacer frente a flujos de caja y sostener empleo; eso pasa por crédito barato, prórrogas de impuestos focalizadas y subsidios temporales a la producción, no por incentivos pensados para grandes proyectos. Apoyamos alivios fiscales focalizados y temporales que protejan empleo y consumo, con transparencia y sin financiarse mediante recortes a jubilaciones o salarios. Además, hace falta recomponer un canal institucional: la Secretaría Pyme perdió rango a mediados del año pasado y hoy no existe una mesa estable de diálogo, según APYME (Perfil Córdoba, 19/4/2026). Recuperar ese espacio y diseñar líneas de crédito con garantías estatales, acompañadas por control inteligente de importaciones en sectores sensibles, sería una mezcla de política industrial y protección contra la desindustrialización.
El diagnóstico es claro: no se trata solo de dinero sino de diseño. Incentivar inversiones de escala sin primero resolver la demanda y la liquidez de las pymes es regalar recursos a quien ya tiene capacidad para competir a otro ritmo. Por eso proponemos medidas temporales, focalizadas y transparentes que sostengan empleo pyme y preserven el mercado interno, mientras se reconstituye una política industrial activa y un diálogo institucional efectivo.