El consumo masivo argentino volvió a caer con fuerza: las ventas se hundieron 6,3% mensual en febrero (febrero 2026 vs enero 2026), y acumulan una caída interanual de 3,4% en ese mes, según la consultora Scentia. Este retroceso —que deja al consumo en su nivel más bajo desde septiembre de 2024— no es un tropiezo aislado sino la manifestación de tres tendencias convergentes: inflación sostenida, salarios que pierden poder de compra y crédito familiar en deterioro.
¿Por qué se hunde el consumo?
Vemos la caída como resultado directo de la pérdida de ingreso real y del encarecimiento generalizado. Los salarios registrados perdieron 7,3% de poder adquisitivo entre septiembre de 2025 y enero de 2026 (INDEC), una pérdida que erosiona la demanda de bienes cotidianos. Al mismo tiempo, la inflación sigue elevada y erosiona las remuneraciones que no se ajustan a ese ritmo (según Scentia y los datos oficiales citados). Además, la morosidad crece: la mora en entidades bancarias alcanzó 10,6% (BCRA), su nivel más alto en más de 20 años, y la irregularidad en entidades no financieras supera el 27% (BCRA), lo que reduce la capacidad de compra inmediata de las familias. Estas tres variables —salarios en baja, inflación sostenida y crédito en deterioro— explican por qué incluso categorías básicas caen: bebidas sin alcohol retrocedieron 11,2% en el primer bimestre (Scentia) y perecederos 8,6% (Scentia).
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
El golpe es heterogéneo pero amplio: todos los canales registraron bajas en febrero. Los supermercados cayeron 5,9% interanual y 6,3% frente a enero (Scentia), autoservicios bajaron 6,4% mensual y farmacias 9,1% mensual (Scentia). Solo el e‑commerce mostró dinamismo anual (+26,5% interanual en febrero según Scentia; +29,7% en el primer bimestre), aunque también retrocedió 2,6% en la comparación mensual. La caída en supermercados es especialmente notable porque esos canales generan empleo intensivo y compras frecuentes; una contracción sostenida amenaza puestos de trabajo en comercio y logística. El desempleo también avanzó: llegó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025 (INDEC), y hay una reconversión de puestos registrados hacia monotributo, lo que degrada la calidad del empleo y reduce la recaudación fiscal. En suma, la baja del consumo no solo es un problema de ventas sino de ciclo económico y estabilidad del empleo.
Qué medidas necesitamos: consolidación que no ajuste por salarios ni jubilaciones
Apoyamos la consolidación fiscal, pero no a costa de recortes en jubilaciones ni salarios: comprimir ingreso es atentar contra la demanda que debería sostener la actividad. Las cifras mandan: pérdida salarial real de 7,3% (INDEC) y mora bancaria en niveles históricos (BCRA) requieren medidas que protejan ingresos y restablezcan crédito responsable. Proponemos tres prioridades: 1) Anclar transferencias focalizadas temporales y actualizaciones previsionales que preserven el poder de compra de los sectores más vulnerables; 2) Instrumentos de crédito bonificado para PyMEs y comercio minorista que eviten destrucción de empleo en las cadenas de valor; 3) Políticas productivas que incentiven la oferta —crédito para inversión, promoción de la industria alimentaria y control de la fuga de capitales para sostener la base imponible—. Estas medidas deben financiarse con una consolidación progresiva: aumento de la presión tributaria a segmentos con mayor capacidad contributiva y retenciones temporales a rentas extraordinarias, no con ajustes que licúen salarios o jubilaciones.
En definitiva, la caída de 6,3% mensual en febrero (Scentia) es la alarma. Si no combinamos disciplina fiscal con políticas que protejan ingreso, crédito y producción, corremos el riesgo de transformar una recesión del consumo en pérdida estructural de empleo y tejido productivo.