La inflación de marzo habría sido de entre 2,7% y 3,0% mensual, según las mediciones propias de consultoras privadas reportadas por iProfesional, lo que deja un acumulado cercano al 9% desde enero y una inflación interanual en torno al 31%–32%; el dato oficial del INDEC se esperaba para el 14 de abril. Esta nota analiza por qué ese número mantiene un piso elevado para el resto del año, qué rol juega el precio internacional del petróleo y qué opciones de política pública permiten amortiguar el golpe sobre el empleo y el consumo.
¿Qué pasó en marzo y qué dicen las consultoras?
Vemos que varias consultoras privadas coinciden en una lectura muy similar: marzo mostró entre 2,7% y 3,0% mensual, con una aceleración leve respecto a febrero de aproximadamente 0,1 punto porcentual según Claudio Caprarulo de Analytica, y deja la inflación acumulada desde enero cerca del 9% (según iProfesional que compila a Analytica, EcoGo y otras). La variación interanual se ubica entre 31% y 32% según esas mediciones privadas, mientras que el INDEC divulgará la cifra oficial el 14 de abril. En el desagregado, EcoGo reporta que los combustibles subieron casi 12% durante el mes y que su incidencia directa en el IPC fue de 0,4 puntos, más 0,2 puntos de transmisión indirecta por logística y transporte, lo que explica buena parte de la dinámica mensual observada.
¿Por qué el precio del petróleo complica la desaceleración?
El choque proviene, en buena medida, del exterior: la escalada en Medio Oriente y la menor oferta global elevaron el precio del crudo y, según FMyA, situaron al petróleo en torno a u$s101 el barril en el momento del reporte, lo que mantiene presión sobre las naftas y sobre toda la cadena logística. Lucio Garay Mendez de EcoGo señaló que sólo se trasladó parcialmente la suba internacional a precios internos, pero la incidencia ya se siente en combustibles y transporte; además Max Capital advierte que precios de la energía más altos pueden acelerar la acumulación de reservas y, simultáneamente, apreciar la moneda en términos reales, con un efecto negativo sobre la competitividad industrial. En síntesis, es un shock de doble filo: presiona inflación y altera el equilibrio externo y el tipo de cambio real.
¿Cómo impacta esto en el empleo y el consumo doméstico?
La inflación alta no es un dato abstracto: erosiona ingresos y condiciona decisiones de inversión y contratación. Con una inflación interanual superior al 30% (según consultoras privadas) y meses que seguirían por encima del 2% según varias proyecciones, los hogares enfrentan pérdida de poder adquisitivo y las empresas ven encarecer insumos, sobre todo las intensivas en transporte. Max Capital y Analytica coinciden en que sectores vinculados a energía y minería crecerían más, mientras que la producción industrial puede resentirse por menor competitividad real. Por eso defendemos alivios fiscales focalizados y temporales que protejan el empleo y el consumo, con transparencia y sin financiarse mediante recortes a jubilaciones o salarios, porque el salario no es sólo costo sino demanda.
Qué esperar y qué debería hacer el gobierno
Las consultoras proyectan una moderación pero no un regreso inmediato a niveles muy bajos: FMyA estima para abril 2,4% mensual y Analytica proyecta un promedio en torno a 2,6% mensual para abril-junio, mientras que Garay Mendez advierte que abril y mayo podrían ubicarse por encima del 2% si el precio del petróleo sigue elevado. Frente a ese escenario proponemos tres ejes: 1) administrar las correcciones de precios regulados como combustibles y tarifas para evitar saltos concentrados que alimenten inercia inflacionaria; 2) sostener ingresos de hogares y salarios con ayudas focalizadas temporales y transparentes, financiadas por reasignación presupuestaria o mayor progresividad, nunca por recortes previsionales o salariales; 3) combinar una administración cambiaria prudente con un ancla monetaria creíble para reducir expectativas. Si se actúa así se puede mitigar el costo social de la desaceleración y cuidar empleo sin sacrificar la estabilidad macro.