Domingo Cavallo sostuvo que el Gobierno necesita avanzar en dos frentes concretos para acelerar la desinflación: una mayor acumulación de reservas internacionales y una rápida expansión del crédito bancario en dólares (Ámbito, 01/06/2026). Esta afirmación sintetiza una apuesta técnica —más dólares en el BCRA y mayor intermedición en moneda extranjera— pero choca con las preocupaciones sobre transparencia fiscal y riesgos de financiamiento encubierto.
¿Qué propone exactamente Cavallo y por qué importa?
Cavallo planteó “dos frentes” claramente identificables: acumulación de reservas y expansión del crédito en dólares, y señaló que la compra de divisas por parte del Banco Central desde abril fue “la mejor decisión” de política macro (Ámbito, 01/06/2026). La primera medida apunta a reducir el riesgo país y bajar el costo de financiamiento para privados y para el Estado; la segunda busca convertir el atesoramiento en depósitos en una fuente de crédito para inversión. Cavallo además advierte que el ajuste fiscal tendrá un efecto decreciente sobre la inflación durante 2026 y 2027, por lo que esas otras palancas serían necesarias (Ámbito, 01/06/2026). El argumento es técnicamente coherente: más reservas pueden bajar primas de riesgo y dólares prestables amplían la capacidad de inversión en una economía bimonetaria, pero la eficacia depende de cómo se consigan y usen esos dólares.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
La expectativa de mayores reservas tiende a reducir la prima de riesgo y a relajar las tensiones cambiarias —eso es lo que destaca Cavallo al ligar las compras del BCRA desde abril con una caída del riesgo país (Ámbito, 01/06/2026). Si los depósitos en dólares se transforman en crédito, el efecto sobre la inversión privada podría ser directo: más financiamiento para equipamiento y capital de trabajo, según el propio exministro (Ámbito, 01/06/2026). Sin embargo, los mercados también miran la letra chica: ¿la acumulación de reservas es producto de compras en el mercado o de swaps, préstamos o acuerdos con el Tesoro? Esa distinción importa porque el riesgo país y la brecha reaccionan a la percepción de financiamiento encubierto. En suma, los operadores premian reservas reales y crédito interbancario funcional; penalizan reservas sin transparencia o con uso fiscal implícito.
¿Son realistas y suficientes esas condiciones?
La receta de Cavallo tiene precedentes —él cita experiencias como Perú y Uruguay— pero su aplicabilidad depende de condiciones domésticas. La acumulación de reservas requiere superávit de transacciones, capitales externos o financiamiento externo explícito; usar compras del BCRA para sostener reservas sin anclas fiscales y sin independencia del banco central puede transformarse en financiamiento encubierto. Del mismo modo, permitir que los depósitos en dólares se transformen en préstamos exige reglas prudenciales claras para evitar mismatch de moneda y riesgos sistémicos. Por eso, la eliminación total del cepo que propone Cavallo es coherente con su lógica de bimonetización, pero solo funcionará si se combina con transparencia sobre el origen de reservas, supervisión bancaria y un sendero fiscal creíble.
Qué debería exigir la política económica si se adopta esta agenda
Si el Gobierno toma elementos de esta propuesta, debemos exigir condiciones claras: 1) transparencia plena sobre la composición y origen de las reservas (cómo y cuándo se compró cada dólar, y si hubo intervención del Tesoro); 2) reglas prudenciales que permitan crédito en dólares sin inducir riesgo de tipo de cambio sobre balance (criterios de solvencia en moneda local y extranjera); y 3) anclas fiscales verificables y una independencia real del BCRA para que la acumulación no sea un maquillaje de financiamiento del Tesoro. Esta es exactamente la línea que venimos sosteniendo: apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales e independencia del BCRA (posicion editorial, 01/06/2026). Sin esas condiciones, la propuesta técnica de Cavallo corre el riesgo de generar confianza coyuntural sin resolver los desequilibrios estructurales.
En definitiva, la propuesta de Cavallo pone el foco en palancas útiles —reservas y crédito en dólares— pero su éxito depende tanto de los montos y de la sostenibilidad fiscal como de la institucionalidad del BCRA y la claridad sobre el origen de esos dólares (Ámbito, 01/06/2026). No hay almuerzo gratis: más dólares pueden comprar tiempo, pero sin anclas fiscales y reglas claras la estabilidad seguirá siendo frágil.