Se trata de la advertencia de que cumplir la meta de superávit primario de 1,5% del PBI —la referencia que mencionó el analista José Castillo— se está volviendo difícil para el Gobierno (José Castillo, citado en la nota del 8/4/2026). Esta constatación no es retórica: resume una tensión fiscal y externa que combina recesión, menor recaudación y crecientes subsidios energéticos, y plantea un dilema entre disciplina fiscal y costo social.
¿Por qué se complica cumplir la meta del 1,5% del PBI?
Vemos tres factores que confluyen y reducen el margen de maniobra. Primero, la recesión reduce la base imponible y, con ella, la recaudación tributaria; según el diagnóstico citadopor Castillo, “el número de recaudación impositiva también está para abajo” (José Castillo, nota 8/4/2026). Segundo, decisiones recientes que bajaron ciertos gravámenes disminuyen ingresos que antes ayudaban a sostener el superávit. Tercero, los subsidios energéticos están creciendo y presionan el lado del gasto, como advirtió el analista (nota 8/4/2026). En resumen: la meta de 1,5% del PBI no se sostiene solo con ajustes marginales de gasto cuando los ingresos retroceden; cada punto de reducción acarrea costos sociales que ya son evidentes en el diagnóstico público.
¿Cómo impacta esto en la economía real y el empleo?
La principal pregunta desde nuestra lente es por el empleo y los ingresos. Ajustar gasto público sobre salarios, transferencias o obra pública puede reducir el déficit momentáneamente, pero también achica demanda agregada y profundiza la recesión, lo que a su vez erosiona la recaudación: un círculo contraproducente. Castillo lo sintetiza: “cada puntito ahora es más complicado” porque toca ámbitos sensibles (José Castillo, nota 8/4/2026). Lo que está en juego no son solo porcentajes fiscales: son puestos de trabajo y el poder de compra de las familias. Por eso defendemos alivios fiscales focalizados que protejan empleo y consumo, con transparencia, y rechazamos financiar la consolidación fiscal mediante recortes a jubilaciones o salarios. Sin esos criterios, la consolidación puede ser técnicamente correcta y socialmente destructiva.
¿Qué opciones quedan para el Gobierno y qué papel juega el FMI?
Ante la dificultad para alcanzar la meta, Castillo plantea la posibilidad de solicitar waivers por reservas y por cumplimiento de la meta del gasto, y abre la puerta a renegociaciones parciales con el Fondo (José Castillo, nota 8/4/2026). En la práctica hay cuatro caminos combinados: 1) negociar flexibilidades temporales con el FMI para ganar tiempo; 2) recuperar ingresos mediante menor elusión y mayor progresividad tributaria; 3) redirigir gasto hacia programas que preserven empleo y demanda; y 4) contener el crecimiento de subsidios mediante ajustes tarifarios calibrados y compensaciones para hogares vulnerables. Cualquiera de esas medidas requiere datos transparentes: cuánto se impacta en reservas, cuánto pesa cada subsidio y qué efectos laborales tendría cada recorte.
Concluimos que la advertencia de Castillo confirma un punto que venimos sosteniendo: la disciplina fiscal es necesaria, pero no puede construirse a costas del empleo y de los ingresos de las mayorías. Hay margen para ajustes técnicos, pero deben combinarse con medidas redistributivas y de estímulo a la producción. Además, la relación con el FMI será clave: negociar plazos o waivers no es una derrota per se si permite diseñar una senda que proteja trabajo y consumo sin hipotecar el futuro. Vemos prioritario que cualquier ajuste incluya alivios focalizados para empresas intensivas en empleo y transferencias para hogares vulnerables, y que se descarte financiar la consolidación mediante recortes a jubilaciones o salarios (posición editorial).