Luis Caputo está evaluando una emisión de deuda en dólares en Nueva York aprovechando el acuerdo con el FMI; la urgencia no es retórica: Argentina enfrenta vencimientos por US$24.000 millones hasta el final del mandato y tiene reservas netas negativas por aproximadamente US$1.630 millones, según iProfesional que cita a la consultora 1816.
¿Por qué ahora?
El contexto internacional abrió una ventana: la tregua entre Estados Unidos e Irán alivió la presión sobre emergentes y el riesgo país volvió a niveles comparables a comienzos de año, cerrando ayer en 527 puntos, según iProfesional. Además, bonos domésticos muestran que hay precio para plazos más largos —el GD35 operaba en febrero con una tasa cercana al 9,25% (iProfesional)— y la reciente licitación del Bonar 2028 buscó US$250 millones, logró una tasa inferior al 9% pero no pudo adjudicar la totalidad de la oferta, lo que expone límites del mercado local. Esa combinación de menor hostilidad externa y señales de apetito parcelado explica por qué el Ministerio considera tantear Wall Street ahora.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Si el Gobierno sale a colocar deuda en dólares, la primera consecuencia será sobre la curva de bonos y el tipo de cambio. Hoy la estrategia ha sido usar compras del BCRA para cubrir obligaciones: de los US$5.700 millones adquiridos desde comienzos de año, el Central debió desprenderse de casi US$4.000 millones para pagar compromisos, según iProfesional, dejando reservas netas en rojo. Esa dinámica implica que, sin deuda externa, el BCRA se vuelve el proveedor de liquidez y corre el riesgo de financiar al Tesoro de hecho, lo que puede alimentar la incertidumbre cambiaria y ampliar la brecha. Por el contrario, una emisión externa bien instrumentada podría relajar ventas de reservas y mejorar el mix de financiación si los plazos efectivamente se estiran.
Riesgos fiscales y monetarios
Emitir no es un remedio automático: la principal pregunta es cómo se utilizarán los fondos y qué garantías habrá de sostenibilidad fiscal. Argentina enfrenta vencimientos por US$24.000 millones (iProfesional), y si la colocación sólo posterga pagos sin anclas fiscales se repetirá la secuencia de tensiones: suba de tasas, depreciación y presiones sobre reservas. Además, cuando el BCRA actúa comprando y vendiendo dólares para cubrir programación, se corre el riesgo de financiamiento encubierto del Tesoro, algo que hemos criticado previamente; respaldamos la acumulación de reservas sólo si es transparente y no constituye apoyo fiscal indirecto. Sin un compromiso claro de extensión de plazos y reducción del déficit, volver a mercados externos podría aumentar el costo país en la próxima corrección.
Qué debería pedir Caputo antes de cruzar a Wall Street
Antes de emitir, el ministro debería asegurar tres condiciones mínimas: primero, que el acuerdo con el FMI incluya anclas fiscales concretas para demostrar capacidad de pago; segundo, que las colocaciones apunten explícitamente a cubrir el calendario de vencimientos y no a financiar gasto corriente; y tercero, máxima transparencia sobre la interacción entre BCRA y Tesoro, incluyendo un calendario público de ventas y transferencias cambiarias para evitar dudas sobre financiamiento encubierto. Además, la estrategia debe priorizar extensión de plazos más que volumen inmediato, porque una emisión a corto plazo solo trasladaría la tensión. Si se cumplen esas condiciones, salir a Wall Street puede ser la herramienta que permita respirar a las arcas públicas sin hipotecar la estabilidad cambiaria; sin ellas, sería una apuesta arriesgada con precedentes históricos poco halagüeños.