El ministro de Economía, Luis Caputo, adelantó en Rosario que la inflación de marzo estará “por encima del 3%” y anticipó que a partir de abril empezará un proceso de desinflación (iProfesional). Esta afirmación llegó horas antes de la publicación oficial del INDEC y coincide con proyecciones privadas que sitúan a marzo alrededor del 3% mensual y a abril algo más bajo, aunque todavía por encima del 2% en varios escenarios (Analytica, EcoGo, FMyA, citados por iProfesional).

¿Qué dijo Caputo y qué indican las consultoras?

Caputo vinculó parte del salto de marzo a choques puntuales: la suba del petróleo y la estacionalidad educativa, entre otros (iProfesional). Las consultoras difieren en matices pero coinciden en que el impacto energético fue relevante. Analytica estima marzo en 3% mensual, una aceleración de 0,1 puntos respecto a febrero (Analytica, vía iProfesional). EcoGo señala que los combustibles aumentaron “casi 12%” en el mes, con una incidencia directa de 0,4 puntos porcentuales y otra indirecta de 0,2 puntos en el IPC (Lucio Garay Mendez, EcoGo, citado por iProfesional). FMyA proyecta para abril una desaceleración hacia 2,4% mensual, pero advierte un arrastre de marzo cercano al 10% acumulado (FMyA, iProfesional). Estos números muestran que buena parte del aumento no es solo monetario sino de costos relativos expuestos al precio internacional del crudo.

¿Cuándo desacelerará la inflación en Argentina?

La respuesta pasa por dos incógnitas: la dinámica del precio internacional del petróleo y la respuesta de la política económica doméstica. Si el crudo se mantiene alto, el traslado a naftas y fletes puede mantener la inflación en abril-mayo por encima de 2% mensual, como advierten EcoGo y Analytica (iProfesional). Alternativamente, si la cotización se estabiliza, la estacionalidad de marzo y los ajustes tarifarios perderían intensidad y podríamos ver una caída sostenida hacia fines de segundo trimestre (proyección de consultoras citadas en iProfesional). Es clave recordar que la inflación mensual de marzo—si se confirma en torno a 3%—no solo es un número aislado: deja un arrastre que condiciona la tasa trimestral y las expectativas salariales. Por eso la desaceleración nominal requiere no solo un shock de precios externo sino anclas creíbles en la política monetaria y, sobre todo, medidas que preserven el poder de compra de salarios y jubilaciones.

¿Qué debería hacer la política económica ahora?

Vemos tres prioridades inmediatas. Primero, blindar el consumo de los sectores más vulnerables y preservar el empleo: alivios fiscales focalizados y temporales pueden amortiguar el golpe de precios sin herir la demanda agregada (posición editorial). Segundo, evitar financiar la estabilización mediante recortes a jubilaciones o salarios; eso licuaría la demanda y agravaría la distribución (coherente con nuestra postura previa). Tercero, transparencia y focalización: cualquier subsidio o compensación debe tener criterios claros y controles para evitar fugas y garantizar que lleguen a hogares con mayor necesidad. En lo cambiario y monetario, la administración debe combinar comunicación consistente con medidas que reduzcan la inercia (por ejemplo, metas claras y herramientas para manejar el traspaso del petróleo a precios internos). Finalmente, no alcanzan los optimismos retóricos—la aspiración presidencial de una “inflación cero” en agosto sigue siendo poco factible según la mayoría de los analistas citados (iProfesional). La política económica debe construir credibilidad con actos: protección distributiva, anclas creíbles y gestión del shock externo.