El Tesoro, bajo la gestión de “Toto” Caputo, absorbió en la última licitación una suma neta de $1,58 billón y colocó u$s350 millones más otros u$s200 millones, operación que según iProfesional le permite ya haber acumulado más de u$s3.000 millones en bonos suscribibles en dólares. Esta frase resume el hecho central: el Gobierno está retirando pesos del mercado mientras capta dólares en el mercado doméstico y, al mismo tiempo, cuenta con liquidez en su cuenta por $13 billones, según iProfesional.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

La operación reduce liquidez en pesos y, por ende, presiona sobre la oferta crediticia. En las últimas licitaciones el Tesoro retiró en promedio alrededor de $3 billones por mes desde marzo, según iProfesional. Al mismo tiempo el BCRA compró u$s1.947 millones en mayo cuando aún faltaban jornadas de mercado, conforme al mismo informe. Esa simultaneidad significa que la expansión monetaria del Central —1,7 billones en enero, 2,2 billones en febrero-marzo y 3,8 billones en abril, según iProfesional— queda neutralizada parcialmente por la absorción del Tesoro. El resultado es líquido: menos pesos disponibles para que los bancos transformen en crédito. Para el ahorrista la señal es ambigua: reservas suben, pero la oferta de pesos para préstamos y depósitos se contrae.

¿Es financiación encubierta del Tesoro?

Los hechos plantean la pregunta legítima. El Tesoro dispone ahora de $13 billones en cuenta, tras haber recibido transferencias por $24 billones del BCRA por ganancias contables, según iProfesional. Con esa caja puede comprar las divisas que el Central captura mes a mes. Aquí hay dos riesgos: uno técnico y otro político. Desde el ángulo técnico, si la secuencia implica que el BCRA compra dólares y esos dólares terminan en la cuenta del Tesoro sin contrapartida fiscal, la acumulación de reservas funcionaría como un financiamiento del Tesoro con recursos del Central. Desde lo político, esa dinámica alimenta suspicacias en los mercados sobre la independencia del BCRA. El FMI recomendó renovar 100% de vencimientos, según el artículo; pero ir más allá de esa recomendación convierte una normalización de pagos en una operación que exige trazabilidad y reglas claras.

Qué viene y por qué importa

El calendario trimestral muestra vencimientos relevantes: u$s4.400 millones con bonistas de mercado, u$s1.613 millones con el FMI y u$s1.529 millones con otros organismos, según iProfesional. El escenario base que manejan los analistas implica necesidades de caja por unos u$s6.170 millones. Hoy Caputo cubre parte con colocaciones domésticas —más de u$s3.000 millones— y con la ayuda tácita del Central. Eso despeja el corto plazo, pero no elimina el problema de fondo: ¿cómo se financia la transición sin reproducir vulnerabilidades cambiarias o fiscales? Nosotros vemos que la respuesta pasa por tres condiciones simultáneas: transparencia plena sobre el origen y destino de las divisas, anclas fiscales creíbles que reduzcan el déficit y un BCRA con mayor independencia operativa. Sin esas condiciones, las reservas pueden aumentar en cifras, pero la confianza de los mercados no quedará consolidada.

Conclusión práctica

Apoyamos la normalización de pagos y la acumulación de reservas si y solo si son transparentes, no constituyen financiamiento encubierto del Tesoro y vienen acompañadas de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA. Pedimos al Gobierno que publique flujos específicos de venta y compra de divisas y el uso de la caja del Tesoro. Si las operaciones son ordenadas y visibles, ayudan a despejar el corto plazo. Si no lo son, aumentan la probabilidad de una corrección abrupta del tipo de cambio y de pérdida de reservas netas cuando la paciencia de los inversores se agote.