En abril la financiación local en dólares destinada a exportadores superó a los cobros anticipados por primera vez desde julio de 2019: los “préstamos financieros, títulos de deuda y líneas de crédito” netos al sector privado no financiero totalizaron u$s1.954 millones, según el anexo estadístico del mercado de cambios del BCRA. Ese volumen es el mayor desde febrero de 2025 y el segundo más alto desde julio de 2016, un dato que sintetiza la normalización relativa del mercado cambiario y crediticio.

¿Qué pasó y por qué ahora?

Observamos que varios factores confluyeron. Según el BCRA, entre 2016 y julio de 2019 las operaciones de exportación financiadas representaron en promedio 75,3% del total del período; entre agosto de 2019 y marzo de 2025 esa participación cayó a 38,2% (datos BCRA). Desde la flexibilización del cepo en abril del año pasado el porcentaje de financiamiento creció al 78,2% (BCRA). A esto se sumó un “boom” de créditos en dólares impulsado por mayor liquidez en moneda extranjera y por cambios regulatorios: el BCRA autorizó que los bancos otorguen préstamos en dólares financiados con obligaciones negociables emitidas por los propios bancos, y facilitó la emisión de pagarés vinculados a exportaciones. Además, Romano Group registra que desde las elecciones se emitieron u$s15.480 millones en títulos (u$s11.830 millones corporativos y u$s3.650 millones subsoberanos), lo que alimentó el segmento financiero en dólares.

¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?

Para exportadores y bancos el cambio puede ser beneficioso: una cerealera o pyme exportadora puede preferir financiamiento local, más rápido y barato, en lugar de pedir cobros adelantados al comprador exterior (opinión citada de Federico Vaccarezza en Ámbito). La sustitución de cobros anticipados por crédito local reduce la presión sobre la demanda inmediata de divisas por la venta anticipada y puede contribuir a una menor volatilidad del tipo de cambio si la confianza persiste. El BCRA reporta además que casi el 70% de esa nueva deuda privada en dólares se concentró en empresas de petróleo, gas y electricidad; un 21% en agro y agroindustria; 6% en automotriz y 4% en minería (BCRA). Sin embargo, la correlación entre mayor oferta de crédito en dólares y acumulación de depósitos o reservas depende de si ese crédito está realmente financiado por ahorro privado o por emisiones que terminan facilitando caja fiscal indirecta.

¿Qué riesgos debemos monitorear?

El salto en financiamiento local en dólares mejora la logística financiera, pero no está exento de riesgos. Primero, hay riesgo de reversión si cambia la confianza: el mercado salió del “modo pánico” pero sigue sensible a expectativas de devaluación y a los abultados vencimientos en la agenda soberana (mención general, sin cuantificar por falta de datos precisos en la nota). Segundo, la mecánica actual permite que los bancos presten en dólares cuando se financian con obligaciones negociables propias; esto exige transparencia para evitar que se convierta en un canal de financiamiento encubierto al Tesoro o en apalancamiento que termine socializándose. Tercero, la concentración sectorial (70% en energía según BCRA) impone riesgos de concentración de crédito.

Vemos con buenos ojos la normalización del mercado de cambios y la mayor profundidad del sistema financiero en dólares, pero insistimos: esto debe ir acompañado de reglas claras, anclas fiscales y una independencia real del BCRA. Sin esas condiciones, lo que hoy es una mejora operativa puede transformarse en un atajo para financiar déficits o en una fuente de fragilidad cuando las expectativas cambien.