La Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP) acordó un aumento salarial total del 3% para el primer trimestre de 2026, en dos tramos de 1,5% cada uno, y el pago de sumas no remunerativas en febrero y marzo, según lo informado por iProfesional. Este incremento es el primer ajuste porcentual del año para el sector: el último aumento se había liquidado con los sueldos de diciembre de 2025 y en enero se incorporó solo una suma extraordinaria al básico.
¿Qué cambia en los salarios de las empleadas domésticas?
Vemos que el ajuste es pequeño y mixto: por un lado hay una suba salarial; por otro, parte importante del refuerzo llega en concepto no remunerativo. Según la escala provisoria difundida por la CNTCP (reportada por iProfesional), la categoría 1 tiene un valor por hora de $4.013,30 con retiro y $4.382,63 sin retiro, y un salario mensual de $500.649,26 y $556.024,76 respectivamente. El acuerdo incorpora además adicionales por zona desfavorable del 30% (para provincias patagónicas) y una antigüedad del 1% por año trabajado, ambos establecidos por la normativa del sector. La paritaria dispuso además pagos únicos no remunerativos: hasta 12 horas semanales $8.000 por mes, 12–16 horas $11.500 por mes, y más de 16 horas o personal sin retiro $20.000 por mes, según la CNTCP. Estos importes deben constar en recibo, pero no generan aportes ni contribuciones a la seguridad social según lo comunicado.
¿Cómo impacta esto en el bolsillo y en la seguridad social?
Comparando la suba con la inflación, observamos que el ajuste del 3% se ubica solo levemente por encima de la inflación de enero: INDEC informó 2,9% intermensual para ese mes. Es decir, en términos reales el margen de recomposición es limitado si se considera solo el aumento porcentual. Además, al tratarse parte del aumento como suma no remunerativa, esa porción no amplía la base de aportes ni de cobertura previsional; lo que hoy se paga en concepto no remunerativo no se transformará en mayor jubilación ni en mejoras de aportes. La combinación de aumentos en el básico y pagos no remunerativos tiene un efecto ambivalente: aliviana el bolsillo a corto plazo, pero no consolida derechos laborales a largo plazo. También debemos recordar que el trabajo doméstico está fuertemente feminizado y que la formalización es clave para reducir brechas de protección social.
Qué falta: integrar la recomposición y proteger el empleo
Observamos coherencia con nuestras posiciones: apoyamos recomposiciones salariales, pero reclamamos que las mejoras se integren al básico y se acompañen de medidas de formalización. Integrar aumentos al básico asegura aportes y capacidad de cobertura por enfermedad, maternidad y jubilación. Además, exigimos que cualquier compensación temporal no sea la excusa para dilatar aumentos formales: los bonos deben ser complementarios y transitorios. En términos distributivos, la política actual beneficia momentáneamente a quienes cobran los bonos, pero no captura renta para redistribuir a la protección social. Por eso proponemos dos medidas claras: 1) que las próximas revisiones transformen progresivamente las sumas no remunerativas en remunerativas y 2) campañas activas de formalización y controles efectivos para reducir el trabajo no registrado. Sin estas medidas, la mejora salarial puede quedar sola en el recibo sin traducirse en derechos ni en mayor demanda agregada, lo que limita su impacto en el empleo y en la calidad de vida de las trabajadoras.