El atesoramiento privado alcanzó US$2.730 millones en enero de 2026, según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), un nivel que duplica el nivel que las principales consultoras consideran crítico (US$1.000 millones mensuales para 2026).
¿Qué muestran los números de enero?
Los registros del BCRA indican que la Formación neta de activos externos del sector privado no financiero fue de US$2.730 millones en enero de 2026, compuesta por compras netas de billetes y transferencias sin fines específicos, según el Balance Cambiario del BCRA. Este monto es similar al enero de 2019 (US$2.042 millones) y queda entre los niveles de enero 2017 (US$1.971 millones) y 2018 (US$3.073 millones), lo que lo convierte en uno de los arranques de año más altos de la última década, de acuerdo al propio BCRA.
El BCRA aclara que parte de esas compras se depositan y luego se usan para consumos con tarjeta en el exterior o para cancelación de pasivos, y que el stock de argendólares aumentó en menos de US$1.000 millones en enero, según el informe oficial. Asimismo, el total de compras netas del sector privado no financiero en 2025 fue récord, por US$32.340 millones, lo que pone en perspectiva la persistencia de la demanda de divisas.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Vemos el atesoramiento como un termómetro de tensión cambiaria. Si la demanda privada se mantiene en torno a varios miles de millones por mes, las reservas y la liquidez del mercado de cambios quedarán sometidas a estrés cuando lleguen los vencimientos. En enero la cuenta financiera del sector privado no financiero registró un déficit de US$469 millones, resultado de compras netas de billetes por US$1.947 millones más US$783 millones en transferencias sin fines específicos, según el BCRA.
Al mismo tiempo, la cuenta del sector financiero fue superavitaria por US$1.668 millones por caída en la tenencia de activos en moneda extranjera de las entidades (US$1.742 millones), lo que redujo el stock de la Posición General de Cambios de los bancos a US$7.614 millones, una caída del 19% respecto a diciembre de 2025, señala también el BCRA. Para los mercados, esos movimientos aumentan la percepción de riesgo y pueden presionar la brecha y las primas de riesgo si no hay claridad sobre el origen y la sostenibilidad de las compras.
¿Qué riesgos fiscales y de reservas enfrentamos?
La acumulación privada de divisas compite con las necesidades del sector público para afrontar vencimientos externos. Las consultoras estiman un umbral crítico de alrededor de US$1.000 millones mensuales para 2026; enero quedó muy por encima con US$2.730 millones, según el BCRA. Si el BCRA decide comprar reservas con intensidad para compensar esa salida privada, debemos preguntarnos cómo se financian esas compras y si terminan encubriendo déficit del Tesoro.
Además, parte de las operaciones denominadas de canje y transferencias pueden ser neutras para el conjunto del sistema, pero complican la lectura de la posición líquida disponible para afrontar deuda externa. La entrada neta por deuda financiera del sector privado no financiero fue de US$1.982 millones en enero, con US$815 millones del sector Energía, lo que muestra que hay flujos compensatorios, pero insuficientes frente a un patrón persistente de atesoramiento.
¿Qué debe hacer el BCRA y el Gobierno?
Respaldamos que el BCRA consolide reservas siempre que haya reglas claras y que no se transforme en financiamiento encubierto del Tesoro. Exigimos transparencia sobre montos, fechas, contrapartes y la fuente de financiamiento de las compras. El BCRA debería publicar con detalle las operaciones de esterilización si las hubiera y el Tesoro debe explicar cómo piensa cubrir vencimientos sin recurrir a emisión monetaria.
En lo inmediato proponemos tres medidas concretas: 1) mayor transparencia diaria sobre compras y ventas de reservas y origen de fondos; 2) coordinación fiscal que reduzca la necesidad de intervenciones discretas (sin sustitución de ajustes); 3) fortalecer la señal de política cambiaria para desincentivar el atesoramiento especulativo, sin volver a controles rígidos que generan brechas. Si no hay señales creíbles, el atesoramiento seguirá siendo un riesgo para las reservas y para la capacidad de pago externa.