La clausura de la planta de Fate en San Fernando y el despido de más de 900 trabajadores es un dato duro que resume la tensión actual entre apertura comercial y supervivencia industrial (Ámbito, 25/2/2026). No es un hecho aislado: las importaciones de neumáticos en 2025 tocaron su pico desde 2013 y, según la consultora Analytica, por cada vehículo producido se importaron u$s654 en neumáticos, el valor más alto de la serie histórica (Analytica citado en Ámbito, 25/2/2026).
Qué pasó
El cambio de política comercial relajó barreras: los aranceles para neumáticos se recortaron del 35% al 16% y se quitó el Certificado de Homologación de Autopartes (CHAS) para productos con certificaciones ONU reconocidas (Analytica, 25/2/2026). El resultado inmediato fue una fuerte entrada de producto importado: más del 40% de los neumáticos importados en 2025 provinieron de China, frente a cerca del 10% de hace una década (Analytica, 25/2/2026). Los precios al consumidor bajaron: Analytica reporta una merma del 30% desde noviembre de 2023 en términos relativos y una caída del 43,6% medida en pesos al dólar mayorista en el mismo tramo (Analytica, 25/2/2026).
Por qué importa (más allá del precio)
Los consumidores ganan en precio corto plazo, pero la producción local y el empleo sufren. La fabricación de neumáticos está por debajo de los niveles de pandemia y el uso de capacidad instalada ronda el 33% (Analytica, 25/2/2026). Equilibra reporta que en 16 de 26 sectores transables hubo pérdida de mercado frente a importaciones en los últimos dos años, lo que sugiere un patrón más amplio que trasciende al sector neumáticos (Equilibra citado en Ámbito, 25/2/2026). Eso se traduce en plantas que cierran, talento que se pierde y capacidad productiva difícil de recuperar en el corto plazo.
Opciones sobre la mesa (para distintos actores)
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Consumidores/ahorristas: aprovechar precios más bajos en bienes importados puede tener sentido si son compras puntuales. En ahorro, preferimos mantener parte de la cartera en dólares y usar canales formales y documentación para reducir riesgos fiscales y cambiarios (posición editorial). Considerar CEDEARs o activos fuera del peso para diversificar si se puede dejar la plata quieta.
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Autopartistas y pymes: ajustar costos y stock, priorizar líneas con contenido local difícil de sustituir, y explorar nichos de mercado o exportación. Negociar plazos con proveedores y clientes para ganar tiempo operativo. Evitar endeudarse en cuotas largas a tasas altas sin plan claro de recuperación.
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Gobierno y reguladores: la consultora sugiere que la apertura podría haberse hecho con mayor sensibilidad sectorial —por ejemplo, aranceles temporales, salvaguardas o medidas de apoyo a la reconversión— como hacen México o Brasil con cargas anti-dumping o cuotas compensatorias (Analytica; comparativos mencionados en Ámbito, 25/2/2026).
Riesgos y costos de oportunidad
Bajar precios hoy implica pérdida de capacidades industriales mañana. El costo de oportunidad aquí es doble: cada peso que ahorró un consumidor comprando barato puede significar empleo perdido y menos oferta local mañana. Para el ahorrista, mantener todo en pesos mientras la economía se reacomoda suele ser perder contra la inflación: por eso insistimos en tocar parte del ahorro en dólares y en instrumentos en pesos indexados cuando corresponda.
Recomendación práctica
- Para quien ahorra: mantener un balance: una porción en dólares (canales formales) y otra en pesos indexados o instrumentos que protejan contra inflación; evaluar CEDEARs para exposición internacional. 2) Para pymes autopartistas: reducir stock obsoleto, renegociar plazos, recortar costos no esenciales y priorizar productos con mayor contenido local o servicios de valor agregado. 3) Para quienes deciden política o compran para flotas: exigir trazabilidad y medir no solo precio sino riesgo de desabastecimiento futuro.
No cambiamos de postura: preferimos mantener parte del ahorro en dólares, usar canales formales y priorizar instrumentos en pesos indexados para protegerse de la inflación, mientras se evalúan herramientas sectoriales que mitiguen el impacto social y productivo de una apertura rápida (posicion editorial consistente con notas previas, 24–25/2/2026). En definitiva: la apertura puede bajar precios hoy, pero hay que ser realistas sobre quién paga la factura cuando la industria se achica.