ANSES aplicó un aumento de 2,58% sobre las prestaciones del Sistema Único de Asignaciones Familiares (SUAF) que se pagarán en junio; la Asignación Familiar por Hijo del primer rango queda en $72.474, según la resolución oficial publicada por ANSES y con la actualización tomada del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril, según INDEC. Este ajuste incide también en los topes: el tope individual se eleva a $2.970.968 y el familiar a $5.941.936, de acuerdo con la misma comunicación.
¿Cómo impacta esto en los bolsillos de las familias?
Vemos que el aumento es inmediato para quienes cobran por el SUAF: el rango más bajo recibe $72.474 por hijo, el segundo rango $48.888, el tercero $29.570 y el cuarto $15.257, según ANSES. Además, las asignaciones de pago único suben: nacimiento $84.478, matrimonio $126.489 y adopción $505.070, según la resolución difundida. Para monotributistas las categorías A a C perciben los montos más altos, mientras que las categorías D en adelante reciben $15.257 por hijo. En términos prácticos, las familias con ingresos brutos superiores a $5.941.936 ya quedan fuera del sistema; por lo tanto la política continúa concentrando recursos en quienes estén por debajo de esos topes. Estos incrementos serán depositados automáticamente en junio, sin trámites extra.
¿Alcanza para compensar la inflación real?
La actualización aplicada —2,58% basada en el IPC de abril según INDEC— cumple la regla técnica de la fórmula de movilidad, que toma la inflación con un rezago de dos meses. Pero observamos que ese lag implica que el ajuste siempre llega atrasado respecto a la dinámica de precios que sufren hoy las familias. Aunque 2,58% mejora nominalmente los montos frente a mayo, la pregunta es si recupera poder adquisitivo: si la inflación corriente entre abril y junio supera ese 2,58%, la asignación pierde capacidad de compra. Además, las escalas y topes se indexan en la misma proporción, lo que reduce parcialmente la cobertura real del beneficio frente a subas de salarios y precios en tiempo real.
¿Quién gana y quién pierde con esta actualización?
Ganan las familias que siguen dentro de los topes y cuyos ingresos familiares no superan $5.941.936: para ellas el aumento mejora ingresos disponibles de forma inmediata. Ganan también monotributistas de categorías bajas que conservan acceso a montos altos por hijo. Pierden en cambio los hogares cuyo ingreso cercano al tope los expulsa del sistema tras un incremento del salario o del trabajo formal, y pierden quienes enfrentan aumentos de precios más rápidos que la movilidad. Desde la mirada distributiva, la medida es progresiva en términos relativos (los montos más altos se destinan a rangos bajos), pero su capacidad redistributiva está limitada por la fórmula con rezago y por topes altos que dejan fuera a amplios segmentos del mercado laboral formal.
Qué proponemos: proteger salario, empleo y consumo
Rechazamos financiar la estabilización con recortes a jubilaciones o salarios. Proponemos usar de forma focalizada los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para compensaciones temporales que protejan consumo y empleo, y un reempadronamiento de programas sociales para mejorar la focalización. En la práctica, eso implica diseñar complementos transitorios para hogares que pierdan poder adquisitivo entre ajustes de movilidad y coordinar políticas de ingreso con medidas que frenen la pérdida de empleo. También sugerimos monitorear mensualmente la brecha entre IPC real y ajustes aplicados por ANSES para definir compensaciones puntuales cuando la erosión sea significativa. La actualización de junio es necesaria; no es suficiente. Debemos evitar que la estabilización macro se pague con la caída del ingreso de los más vulnerables.