La morosidad empresarial sube y no es pareja: mientras el promedio por saldos en empresas pasó de 0,7% a 2,8% entre octubre de 2024 y enero de 2026 (niveles de saldos, según Analytica), las pymes muestran tensión mucho mayor que las grandes firmas. Vemos una doble fractura: entre hogares y empresas y, dentro de las empresas, entre grandes grupos financieros y firmas pequeñas que dependen del mercado interno.

¿A quién golpea la morosidad empresarial?

Observamos que la expansión de la mora no es homogénea. Según el informe de Analytica, a enero de 2026 la mora por saldos en grandes empresas es de 0,9% (nivel puntual), mientras que en pymes asciende a 4% (nivel puntual). Si medimos por cantidad de préstamos, 12,9% de las sociedades jurídicas tenía al menos una deuda en situación irregular en enero de 2026 (según Analytica). En paralelo, la mora en familias saltó del 2,5% al 10,6% entre octubre de 2024 y enero de 2026 (niveles de saldos, según Analytica), lo que alimenta la presión sobre rubros ligados al consumo. Estas cifras muestran que la crisis de liquidez está concentrada donde hay más dependencia del consumo privado y menor acceso a mercados de crédito sofisticados.

¿Por qué empeoran la industria y la construcción?

La heterogeneidad sectorial es notable. Analytica reporta una morosidad industrial promedio por saldos de 3,6% a enero de 2026 (nivel puntual), pero rubros atomizados registran números alarmantes: confección de prendas 7,7%, productos textiles 7% y fabricantes de muebles y colchones 7,9% (niveles puntuales, según Analytica). La construcción aparece con 6,1% de mora (nivel puntual) y coincide con una actividad en mínimos, en gran medida por la paralización de obra pública que reduce la demanda de empleo y encadenamientos productivos. La lectura distributiva es clara: la política económica reciente favoreció sectores con mayor capacidad de financiamiento (hidrocarburos, minería, agro), mientras la industria orientada al mercado interno pierde mercado y liquidez.

¿Qué rol juegan las tasas y la volatilidad del crédito?

La volatilidad de las tasas complicó la gestión de caja de las empresas. Analytica señala que la TNA promedio del financiamiento a empresas vía adelantos fue superior a 70% en el tramo agosto‑octubre de 2025 (promedio del periodo), cerró el año por debajo del 30% (nivel puntual) y volvió a ubicarse por encima del 40% a principios de 2026 (nivel puntual). Según datos del BCRA, los bancos colocaron $2,4 billones en repo al 12 de marzo de 2026 (operación del día) y el Tesoro absorbió $0,8 billones en la subasta de ese mismo día (según BCRA). En el segmento no financiero las consecuencias son peores: la consultora 1816 reporta que, a enero de 2026, 27% de los créditos de entidades no financieras presentaba mora (nivel puntual) y que la TEA real promedio de los préstamos personales en febrero de 2026 fue aproximadamente 40% en entidades financieras y alrededor de 150% en no financieras (febrero 2026, según 1816). La combinación de tasas altas y volátiles con caída del poder adquisitivo frena colocaciones y eleva incumplimientos.

Qué medidas priorizar: propuesta con salvaguardas para empleo y salarios

Frente a este cuadro, apoyamos líneas de financiamiento productivo pero condicionadas a salvaguardas para el empleo y a una recomposición salarial integrada al básico, sin financiarse con recortes previsionales. Las medidas concretas deberían incluir: 1) líneas puntuales para pymes en sectores golpeados (textil, confección, muebles, construcción) con tasa tope y plazos largos; 2) garantías públicas parciales ligadas a mantenimiento de plantillas por al menos 12 meses; 3) estímulos directos a obra pública para recomponer demanda en la construcción; 4) regulación de las entidades no financieras para moderar TEA y transparencia en cobros; 5) coordinación BCRA‑Tesoro para reducir la volatilidad de tasas cortas, tal como recomendó 1816 para proteger la colocación de crédito. Estas medidas buscan prevenir la destrucción de empleo que genera una mora concentrada en pymes y mercados de consumo, y preservar la demanda agregada que sostiene la actividad industrial.