Inflación de septiembre 2,1%: se acelera y la canasta básica ya supera los $2 millones
El dato del IETSE marca el fin de la desaceleración inflacionaria. Las familias cordobesas destinan cada vez más plata a comida y el 88,8% necesita financiarla. Qué significa esto para el bolsillo.
La inflación de septiembre alcanzó el 2,1%, según el Informe Económico y Social del IETSE. El número corta la tendencia de desaceleración que había mostrado en agosto (1,8%) y confirma que el proceso de desinflación es más lento y frágil de lo que muchos esperaban.
Para los hogares de clase media, el dato no es un número abstracto: la canasta básica total ya supera los $2 millones mensuales. Eso significa que una familia tipo necesita más de dos millones de pesos solo para cubrir los bienes y servicios indispensables. La canasta alimentaria, que mide el umbral de indigencia, también sigue subiendo a un ritmo que erosiona el poder adquisitivo mes a mes.
El informe además revela que las ventas minoristas de alimentos cayeron 8,3% interanual. Los argentinos están comprando menos, priorizando lo esencial y dejando de lado otros rubros. Al mismo tiempo, el 88,8% de los hogares declara que necesita financiar sus compras de comida, ya sea con tarjeta de crédito, préstamos o fiado. Es una señal clara de que los ingresos no alcanzan para cubrir el gasto corriente sin endeudarse.
Por qué se acelera la inflación
Después de varios meses de fuerte ajuste fiscal y monetario, los precios de alimentos y bebidas volvieron a mostrar mayor inercia. El traslado a góndola de la devaluación de diciembre ya está prácticamente completo, pero persisten presiones en servicios regulados, prepagas y combustibles que empujan el índice general.
Desde el punto de vista monetario, la emisión para cubrir gastos corrientes del Estado sigue siendo un factor de riesgo. Aunque el Banco Central logró acumular reservas, la brecha entre inflación y tasas de interés reales sigue siendo negativa para el ahorrista en pesos, lo que incentiva el consumo o la dolarización informal.
Impacto en el bolsillo del lector
Para quien cobra un salario en blanco o jubilación, el 2,1% de septiembre implica una pérdida adicional de poder adquisitivo. Si el salario se actualizó por debajo de la inflación acumulada del año, la brecha ya es significativa. Quienes viven de ingresos fijos son los más perjudicados.
El que tiene un plazo fijo tradicional está perdiendo contra la inflación por tercer mes consecutivo. Con tasas que rinden por debajo del IPC, el capital se licúa en términos reales. La alternativa más usada sigue siendo el dólar blue o MEP, aunque con mayor volatilidad cambiaria.
Escenarios hacia adelante
El mercado espera que la inflación de octubre se ubique en torno al 2,5%-3%. Si el dato confirma esa aceleración, el Gobierno tendrá menos margen para bajar tasas de interés sin generar presión sobre el tipo de cambio. La meta oficial de llegar a un dígito mensual antes de fin de año se vuelve más exigente.
Para el lector común, la recomendación práctica es clara: revisar el presupuesto mensual, priorizar la canasta básica propia y evitar deudas en pesos a tasas que superen ampliamente la inflación esperada. Quien pueda, debería mantener un colchón en dólares o en instrumentos indexados.
La aceleración de septiembre no es una catástrofe, pero sí una advertencia. La desinflación no es lineal y requiere disciplina fiscal y monetaria sostenida. Cuando esa disciplina flaquea, el que paga la cuenta es siempre el mismo: el que ahorra y consume en pesos.