Economía

Un MasterChef presidencial, tensión con Bullrich y un malestar inocultable

El presidente Javier Milei protagonizó un fin de semana con gestos de cercanía a Patricia Bullrich, fricciones visibles en un evento oficial y un cumpleaños rodeado de tortas caseras que rompió el protocolo de seguridad alimentaria.

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Un MasterChef presidencial, tensión con Bullrich y un malestar inocultable
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El fin de semana dejó varias imágenes que, más allá de lo político y protocolar, terminan impactando en la percepción de estabilidad del Gobierno y, por ende, en la cotización de los activos argentinos y la confianza de los inversores.

El evento de presentación de un ferry 100% eléctrico en el Puerto de Buenos Aires reunió a Karina Milei, Diego Santilli y Patricia Bullrich. Lo que debía ser una foto de unidad oficialista terminó con custodios intentando ubicar a la senadora en segundo plano durante la recorrida del buque, sin éxito. Bullrich ignoró las indicaciones y encabezó la caminata, generando un malestar evidente que fuentes cercanas calificaron de “tensión inocultable”.

Horas antes, la confirmación de presencia de la ex ministra había generado movimientos. El presidente uruguayo Yamandú Orsi se bajó del acto por “indisposición”, lo que despertó suspicacias en la comitiva argentina. “Todo muy raro”, resumió un funcionario a bordo.

En paralelo, Javier Milei recompuso la relación con Agustín Laje y asistió a la cena de la Fundación Faro. Allí buscó dar un abrazo con Bullrich para despejar rumores de divisiones tras un video musical de la senadora. Sin embargo, cuando el Presidente apuntó contra los periodistas que investigaron la causa $LIBRA y sugirió que “se tienen que quemar en la hoguera”, el salón respondió con un tenue aplauso y abundantes silencios. Bullrich mantuvo rostro adusto. “No le gustó un carajo”, describió un testigo.

El malestar se extendió al embajador estadounidense Peter Lamelas y a un grupo de empresarios presentes, varios de ellos de entidades que habían condenado el agravio. Algunos optaron por mirar para otro lado y revisar sus celulares.

El cumpleaños y el “MasterChef” de Olivos

Al día siguiente, Milei priorizó una celebración íntima en la Quinta de Olivos por su cumpleaños. Al llegar a la Casa Rosada, una treintena de militantes lo esperaba con pancartas, globos y dos tortas caseras: una de hojaldre con merengue (estilo milhojas o rogel, una de sus favoritas) y otra de chocolate con confites y gomitas.

La unidad canina de la Policía Federal revisó ambos postres. El resultado fue negativo. El Presidente rompió el protocolo: se bajó del vehículo, salió de la cápsula de seguridad, cantó el feliz cumpleaños, sopló las velas y se llevó las tortas. Prometió comerlas, a pesar de que la norma habitual es que sus colaboradores caten todo antes, como en un verdadero “MasterChef presidencial”.

Los chefs de la Casa Rosada dejan los platos en una sala lindera al despacho para una degustación previa por razones de seguridad. Milei es estricto en ese punto, pero hizo una excepción con estas preparaciones caseras. En sus madrugadas, suele compensar con alfajores y chocolates de primera marca.

¿Qué significa esto para el mercado?

Más allá de lo anecdótico, las señales de tensión interna en la coalición gobernante y la percepción de divisiones (incluyendo la posible fórmula Milei-Bullrich que circula como forma de contener ambiciones) alimentan la incertidumbre política. En un contexto donde el tipo de cambio, las reservas y el riesgo país siguen siendo termómetros sensibles, cualquier ruido interno genera ruido en los precios.

El mercado no perdona la inestabilidad. Cuando aparecen fisuras visibles dentro del oficialismo, aunque sean protocolarias o gastronómicas, los inversores recuerdan que la sostenibilidad del programa económico depende de la cohesión política. Por ahora, el Gobierno mantiene la disciplina fiscal como eje, pero episodios como estos recuerdan que la gobernabilidad no está garantizada solo con números.

La pregunta es si estas fricciones son meros episodios aislados o el síntoma de una interna que podría complicar la aprobación de leyes clave en el Congreso. Para el inversor racional, conviene seguir de cerca estos movimientos: en Argentina, lo que parece un abrazo forzado o una torta improvisada puede terminar impactando en la brecha cambiaria o en el rendimiento de los bonos.

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