Tras la fuga de Flávio, los hermanos Bolsonaro se reencontraron en Estados Unidos
Flávio Bolsonaro llegó a Miami tras desobedecer una orden judicial y se reunió con Eduardo. La familia mantiene su estrategia de vínculos en EE.UU. mientras cuestiona el resultado electoral y enfrenta causas judiciales.
El reencuentro de Flávio y Eduardo Bolsonaro en Miami pone de nuevo en el centro la estrategia de la familia del ex presidente Jair Bolsonaro de operar desde el exterior ante las crecientes presiones judiciales en Brasil.
Flávio llegó este miércoles a Miami junto a su esposa y sus dos hijas después de un recorrido que incluyó escalas en Argentina y Ecuador. Lo hizo pese a que la Justicia brasileña le había ordenado entregar su pasaporte en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero. Al no cumplir con el plazo, las autoridades cancelaron el documento, pero el senador ya estaba fuera del país.
El encuentro con Eduardo, quien reside en Texas desde hace tiempo, no es solo familiar. Eduardo ha mantenido contactos con el entorno de Donald Trump buscando apoyo político frente a las causas que involucran al clan Bolsonaro. Su presencia en Estados Unidos se vincula también con gestiones para influir en el proceso judicial que derivó en la condena de 27 años de prisión a su padre por el intento de golpe tras las elecciones de 2022.
Flávio perdió el balotaje presidencial frente a Luiz Inácio Lula da Silva por 51,78% a 48,22%. Desde el exterior se presentó primero como “el verdadero presidente electo” y luego como “líder de Brasil”, acusando a Lula y al Supremo Tribunal Federal de un supuesto golpe electoral. No presentó pruebas y los observadores internacionales validaron la normalidad del proceso.
En una carta difundida desde Miami agradeció al presidente argentino Javier Milei y a Trump por la recepción. Lula, por su parte, calificó la salida como “vergonzosa” y cuestionó que el senador prefiera evitar defenderse en Brasil.
¿Qué significa esto para la política regional?
Más allá del color político, el caso ilustra cómo las tensiones institucionales y judiciales en Brasil generan incertidumbre que siempre termina afectando la confianza de los inversores y el clima de negocios en la región. Cuando un actor relevante de la oposición opta por operar desde el exterior y cuestiona la legitimidad de las urnas sin pruebas, el riesgo país tiende a subir y los capitales se vuelven más cautelosos.
Para el argentino común que tiene dólares, bonos o inversiones regionales, estos episodios recuerdan que la estabilidad institucional no es un lujo: es la base mínima para que la economía no vuelva a volar por los aires. La familia Bolsonaro, con un pie en Texas y otro en Miami, mantiene influencia en sectores de derecha brasileña, pero sus movimientos generan más ruido que certidumbre.
El colchón de emergencia, la diversificación y evitar decisiones emocionales siguen siendo las únicas herramientas que el lector puede controlar. El resto —peleas políticas, fugas y cartas desde el exterior— es contexto que conviene observar con distancia para proteger la propia plata.