Proponen devolver hasta 7,5% de impuestos por pedir factura para combatir la informalidad
La ONG Lógica impulsa un sistema inspirado en Brasil donde el consumidor recibe una devolución automática de parte del IVA e Ingresos Brutos. Con 47 millones de "inspectores", buscan formalizar la economía sin depender solo de la AFIP.
Una familia tipo gasta alrededor de $800.000 por mes en consumo. Si pudiera recuperar entre el 7% y el 7,5% de cada compra simplemente pidiendo factura, eso significaría entre $56.000 y $60.000 mensuales de reintegro en su cuenta bancaria. Esa es la idea central que impulsa la ONG Lógica para atacar de raíz la informalidad que, según distintas estimaciones, ronda el 50% de la economía argentina.
En lugar de concentrar todos los esfuerzos en fiscalizar a los comercios, la propuesta consiste en dar un incentivo económico concreto al consumidor para que exija el comprobante en cada operación. El mecanismo tomaría como modelo el sistema brasileño CPF Nota Fiscal, que comenzó en San Pablo y luego se extendió a buena parte de Brasil.
Según explicó a Perfil Matías Olivero Vila, presidente de Lógica, la devolución contemplaría el 30% del IVA incluido en la operación. Sobre la alícuota del 21%, eso equivale a un 6,3% del valor neto. Si las provincias adhieren, se sumaría el 30% de Ingresos Brutos (con alícuota promedio del 5%, otro 1,5%). En total, el beneficio rondaría el 7% a 7,5% de cada compra, más la chance de participar en sorteos mensuales.
"Es un montón de plata si vos la sumás acumulativamente", señaló Olivero Vila. El cambio de incentivos es el corazón del proyecto: pasar de tener una AFIP con capacidad limitada para controlar a millones de pequeños comercios y prestadores a contar con 47 millones de argentinos actuando como inspectores naturales.
Por qué fallaron los mecanismos anteriores
La propuesta busca aprender de los errores de la vieja LoterIVA. En aquel sistema había que juntar tickets, meterlos en un sobre y mandarlos para participar de sorteos, pero los comprobantes no necesariamente tenían que ser de quien los presentaba. "La gente se ponía a barrer la vereda para levantar los tickets de las heladerías. Eso no funciona", graficó Olivero Vila.
En el nuevo esquema, el consumidor daría su CUIT o identificación fiscal en el momento de la compra. El sistema asociaría automáticamente la operación a esa persona y, tras un período de verificación de unos dos meses (para confirmar que la factura no fue anulada y que el impuesto ingresó), acreditaría el reintegro en la cuenta bancaria. "Verlo en tu cuenta es lo realmente potente", aseguró.
Lo que pasó en Brasil: más recaudación que costo
Los números de la experiencia brasileña son el principal argumento a favor. En San Pablo, durante los primeros tres años, las ventas formales subieron 22,9%. El costo del programa (devoluciones y sorteos) fue de aproximadamente 9,4%, pero la recaudación neta adicional alcanzó el 13,5%. En términos totales, la recaudación creció cerca de 23%, con un costo fiscal de 10 puntos y un saldo neto positivo de 13 puntos.
Desde Lógica sostienen que en Argentina la implementación podría ser incluso más sencilla porque el IVA es un impuesto federal que se coparticipa, a diferencia del ICMS estadual brasileño. Además, proponen empezar de manera gradual, enfocándose primero en los sectores con mayor informalidad: supermercados, restaurantes, hoteles, construcción y comercio al consumo masivo. En actividades ya formalizadas como bancos, seguros, servicios públicos o telefonía, no sería necesario aplicarlo inicialmente.
El sistema también incluye un mecanismo de denuncias por falta de emisión de comprobantes. En San Pablo, la primera denuncia contra un comercio generaba, en promedio, un aumento del 14% en la emisión de tickets.
No reemplaza la baja de impuestos, pero funciona como una
Olivero Vila es claro en que este mecanismo no sustituye la necesidad de reducir la presión tributaria. "La forma más lógica de bajar la informalidad es bajando los impuestos", afirmó. Sin embargo, frente a la dificultad de lograrlo en el corto plazo por el equilibrio fiscal, esta propuesta opera como una baja de impuestos selectiva: quien pide factura paga efectivamente menos.
La condición que plantea la organización es que cualquier mejora de recaudación derivada de la mayor formalización no se use para aumentar el gasto público, sino para financiar reducciones tributarias adicionales en el futuro. De esa manera se atacan dos problemas simultáneamente: la evasión y el peso excesivo de los impuestos sobre quienes ya están dentro del sistema formal.
La recaudación de julio mostró una mejora real del 1,2% impulsada por el vencimiento de Ganancias, pero el problema estructural de la economía en negro sigue intacto. Según Lógica, modificar la ecuación cultural —que pedir factura sea solo una obligación y no también un beneficio directo— puede ser una de las claves para empezar a revertirlo.
En un país donde la informalidad castiga la recaudación, reduce la calidad del empleo y limita el crecimiento, convertir a los consumidores en aliados activos del fisco con un incentivo concreto en el bolsillo aparece como una alternativa creativa que merece ser evaluada con seriedad.