Economía

El RIGI es “explosivo” para Vaca Muerta: el impacto que anticipan en Neuquén y Río Negro

El consultor en energía Luis Bolomo aseguró que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones puede generar un salto productivo inédito en la Patagonia. Qué significa para el empleo, las provincias y el bolsillo de los argentinos.

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El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) vuelve a estar en el centro del debate económico. Según Luis Bolomo, consultor en energía, su efecto puede definirse con una sola palabra: explosivo.

En diálogo con Ronda de Economistas, Bolomo anticipó que el RIGI generará un impulso fuerte en Vaca Muerta que se sentirá de manera directa en Neuquén y Río Negro. El régimen ofrece beneficios impositivos, cambiarios y aduaneros a proyectos de más de 200 millones de dólares, algo que según el especialista puede acelerar la llegada de capitales que hasta ahora dudaban por la inestabilidad macroeconómica argentina.

¿Qué cambia para la producción y el empleo?

El corazón del asunto pasa por la escala. Proyectos que antes se postergaban por el riesgo cambiario y fiscal ahora pueden volverse viables. En términos concretos, eso significa más perforaciones, más gasoductos, más infraestructura y, sobre todo, más trabajo calificado en la región patagónica. Bolomo remarca que el efecto no se limita a los pozos: se expande a la cadena de proveedores locales, a los servicios técnicos y a la demanda de mano de obra especializada.

Desde una perspectiva desarrollista, la pregunta clave es si este “explosivo” genera capacidades productivas duraderas o si se trata de un boom temporario de commodities. La respuesta depende de cómo se usen los recursos que ingresen. Si parte de la renta se reinvierte en diversificar la matriz productiva —y no solo en extraer más hidrocarburos— el RIGI puede convertirse en una palanca genuina de desarrollo regional.

El impacto en el bolsillo de los argentinos

Un salto en la producción de gas y petróleo impacta de varias formas en la economía cotidiana. Por un lado, mayores exportaciones de energía pueden mejorar las cuentas externas y reducir la presión sobre las reservas. Eso, a mediano plazo, ayuda a estabilizar el tipo de cambio y baja la probabilidad de nuevas devaluaciones que licuan salarios y jubilaciones.

Por otro lado, si el aumento de producción permite reemplazar importaciones de combustibles y energía, se libera divisas que hoy se destinan a subsidios o compras en el exterior. Ese ahorro fiscal podría, en teoría, destinarse a recomponer ingresos o a políticas productivas. La historia argentina muestra, sin embargo, que esa redistribución no ocurre automáticamente: hace falta decisión política para que la renta hidrocarburífera llegue a los hogares a través de empleo de calidad y salarios que alcancen.

Neuquén y Río Negro, en primera línea

Las dos provincias son las que más directamente sentirán el efecto. Neuquén ya vive un boom demográfico y de servicios asociado a Vaca Muerta; el RIGI puede acelerarlo. Río Negro, con sus puertos y potencial logístico, puede convertirse en un nodo complementario. Pero también surgen desafíos: presión sobre los servicios públicos, vivienda, rutas y medio ambiente. El “explosivo” de Bolomo tiene que venir acompañado de planificación estatal para que el crecimiento no se transforme en caos.

Desde la mirada estructuralista, este tipo de regímenes de excepción siempre generan tensiones distributivas. ¿Quién captura la mayor parte de la renta? ¿Las empresas extranjeras, los contratistas locales, los trabajadores o las provincias? La respuesta definirá si el RIGI es solo un incentivo a la inversión o un verdadero instrumento de desarrollo nacional.

Lo cierto es que, según el consultor, el potencial está ahí. El RIGI puede ser el detonante que multiplique la producción de Vaca Muerta en los próximos años. Queda por ver si el resto de la economía —la industrial, la de servicios, la que genera empleo masivo— logra engancharse a ese tren o si, una vez más, Argentina repetirá el ciclo de renta extractiva sin transformación productiva profunda.

El desafío para los próximos meses no es solo atraer las inversiones, sino asegurarse de que el “efecto explosivo” se traduzca en más trabajo digno, mejores salarios reales y una matriz productiva menos vulnerable a los vaivenes de los precios internacionales de la energía.

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