Economía

Caída de ingresos: la verdadera causa detrás del salto en la morosidad

Un informe privado muestra que el 28% de los deudores se atrasó por la pérdida de poder adquisitivo y las altas tasas. Crece el uso de tarjetas para comprar comida y avanza un proyecto contra el sobreendeudamiento en Buenos Aires.

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La CAME desmiente al Gobierno: las familias se endeudan para comprar comida y remedios
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La caída del salario real no es solo un dato macro: está golpeando directamente en la capacidad de las familias para cumplir con sus compromisos financieros. Según un análisis privado, el 28% de los deudores enfrenta retrasos en sus pagos, y la principal razón no son las tasas de interés elevadas, sino la pérdida sostenida de poder de compra de los ingresos.

El estudio revela un cambio de comportamiento preocupante: cada vez más personas usan el pago diferido de la tarjeta de crédito para cubrir la compra del supermercado. Lo que antes era una herramienta para financiar consumos postergables se convirtió en un mecanismo de supervivencia para llegar a fin de mes. Esto explica en buena medida la disparada de la morosidad que registran bancos y fintechs en los últimos meses.

El salario real perdió terreno y arrastra las deudas

La combinación de inflación que sigue siendo alta con ajustes salariales que no alcanzan genera un efecto acumulativo. Los hogares destinan una porción cada vez mayor de sus ingresos a cubrir alimentos, tarifas y transporte, dejando menos margen para las cuotas. Cuando llega la tarjeta o el préstamo personal, simplemente no hay con qué pagar.

Esto no es un problema de “mala administración” individual, sino el resultado previsible de una política económica que prioriza el ajuste fiscal y la licuación de ingresos como herramienta antiinflacionaria. El costo social aparece ahora en los balances de las entidades financieras: más atrasos, más refinanciaciones y un aumento de la cartera morosa.

Crece el pago con tarjeta para lo básico

El dato más elocuente es el aumento del uso de tarjetas de crédito para comprar alimentos y productos de primera necesidad. Familias que antes pagaban al contado o con débito ahora eligen el “cuotas sin interés” (que en la práctica terminan teniendo costo financiero por otros cargos) simplemente porque no tienen el dinero disponible en el momento de la compra.

Este desplazamiento del consumo esencial hacia el endeudamiento genera un círculo vicioso: se paga lo de hoy con lo de mañana, pero mañana los ingresos siguen sin recuperar y las tasas siguen altas. El resultado es más estrés financiero y mayor riesgo de default.

Proyecto de ley en Buenos Aires para prevenir el sobreendeudamiento

Frente a este escenario, en la provincia de Buenos Aires avanza un proyecto de ley que busca establecer mecanismos de prevención y protección ante el sobreendeudamiento. La iniciativa apunta a regular las prácticas de crédito irresponsable, mejorar la información al consumidor y crear herramientas de salvataje para quienes ya están en dificultades.

Si bien la norma no resuelve la raíz del problema —que es la caída de los ingresos—, al menos intenta poner límites al endeudamiento compulsivo y obliga a las entidades a evaluar mejor la capacidad real de pago antes de otorgar nuevos créditos.

Quiénes pagan el costo del ajuste

La morosidad creciente no es un fenómeno aislado. Es la expresión concreta de una economía donde el salario perdió más de 20 puntos de poder adquisitivo en los últimos años y donde la recuperación prometida sigue sin llegar a la mayoría de los trabajadores. Mientras los números fiscales mejoran, las familias ajustan el consumo, postergan pagos y, en muchos casos, terminan cayendo en mora.

El dato del 28% de deudores en atraso debería servir como alerta. No se trata solo de “limpiar” los balances bancarios. Se trata de entender que sin ingresos que alcancen, cualquier política de crédito termina siendo insostenible. La pregunta que queda pendiente es quién va a pagar el costo de este ajuste: si los hogares que ya están al límite o si habrá alguna medida que realmente restituya capacidad de consumo.

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