Productividad, crédito y dólares: los desafíos y oportunidades del mercado argentino hacia fin de año
Salvador Di Stefano proyecta un mejor cierre de 2026 impulsado por estacionalidad, el campo y la adaptación empresarial. Qué se espera para dólar, inflación y oportunidades de inversión.
El analista económico Salvador Di Stefano anticipa un cierre de año más favorable para la actividad económica argentina, sostenido por la estacionalidad típica del último trimestre, el impulso del sector agropecuario y una mayor adaptación de las empresas al actual esquema macroeconómico.
Según sus proyecciones, la productividad empieza a mostrar señales de recuperación luego de un período de fuerte ajuste. Las empresas que sobrevivieron a la recesión de los últimos meses están logrando mejorar su eficiencia operativa, reduciendo costos y preparándose para un repunte de la demanda interna. Esto es clave, porque sin una suba sostenida de la productividad difícilmente se pueda pensar en un crecimiento genuino y con capacidad de generar empleo de calidad.
El campo vuelve a jugar un rol central. La campaña gruesa que se avecina, si el clima acompaña, debería aportar dólares genuinos al Banco Central y mejorar la liquidez del sistema. Ese ingreso de divisas es fundamental para estabilizar expectativas y permitir una gradual normalización del mercado cambiario. Di Stefano remarca que el sector agroindustrial sigue siendo el gran motor de divisas del país y que su performance definirá en gran medida el comportamiento del dólar hacia fin de año.
En cuanto al crédito, el panorama es mixto. Las tasas de interés reales siguen elevadas, lo que dificulta el acceso al financiamiento productivo. Sin embargo, hay expectativas de que hacia los últimos meses del año el Banco Central pueda comenzar a bajar gradualmente las tasas, abriendo una ventana para que las PyMEs accedan a crédito más barato. Ese crédito será vital para financiar la recomposición de stocks y las inversiones en maquinaria que muchas empresas postergaron durante la fase más dura del ajuste.
Respecto del dólar, Di Stefano proyecta una relativa calma cambiaria en el último tramo del año, siempre y cuando el ingreso de divisas del agro se concrete. El tipo de cambio oficial seguiría con una devaluación controlada (crawling peg), mientras que el dólar paralelo mantendría una brecha moderada. Para los ahorristas, esto implica que el carry trade en pesos puede seguir siendo atractivo en el corto plazo, pero con mayor cautela que meses atrás.
La inflación es otro punto clave de su análisis. Luego de varios meses de fuerte desaceleración, el dato de agosto mostró que la tendencia a la baja se consolida, aunque persisten presiones en algunos rubros como alimentos y servicios regulados. Di Stefano estima que la inflación mensual podría ubicarse en torno al 2% hacia fin de año, lo que representaría un avance significativo pero aún lejos de los niveles de un país con inflación de un dígito anual.
Desde una perspectiva productiva y distributiva, estos datos deben leerse con cautela. Si bien la adaptación empresarial es positiva, el costo social del ajuste sigue siendo alto: salarios que perdieron poder adquisitivo, desempleo que no termina de bajar y una demanda interna que recién empieza a dar señales de vida. La verdadera oportunidad para 2026 pasará por traducir esta mayor productividad en mayor empleo formal y en una recuperación del salario real que permita sostener el mercado interno.
Para las PyMEs industriales, el desafío es claro: hay que invertir en tecnología y capacitación para no quedar rezagadas. El crédito a tasas razonables y un tipo de cambio competitivo serán herramientas indispensables. Si el Estado acompaña con políticas de desarrollo productivo inteligente —y no solo con ajuste fiscal—, el cierre de año puede ser el punto de partida de un ciclo más virtuoso.
Los inversores, por su parte, tendrán que moverse entre la renta fija en pesos (mientras rinda por encima de la inflación), los instrumentos dolarizados y las oportunidades que pueda abrir un repunte del campo. Como siempre en Argentina, el contexto macro definirá las rentabilidades mucho más que los fundamentos de cada negocio. En síntesis, el último trimestre de 2026 se presenta como una ventana de oportunidad, pero condicionado a que el campo entregue los dólares esperados, que las empresas sigan ganando productividad y que la política económica logre equilibrar estabilización con recuperación del mercado interno. Sin ese equilibrio, corremos el riesgo de festejar un “mejor cierre” que luego no se traduzca en un 2027 con crecimiento inclusivo.