Con un superávit comercial de u$s1.987 millones en enero, los titulares celebran un número que triplicó expectativas de mercado. Pero si observamos la composición, la foto es menos alentadora: la mejora responde tanto a un récord exportador como a un nuevo derrumbe de importaciones, que cayó 6,1% mensual desestacionalizado en enero (fuente: Ámbito). Para entender qué hay detrás del balance debemos mirar los flujos de entrada: no toda la reducción de importaciones es buena noticia.
El dato y su composición
Vemos tres cifras que marcan la coyuntura. Primero, el superávit de u$s1.987 millones de enero (fuente: Ámbito). Segundo, la baja mensual de importaciones de 6,1% desestacionalizado (enero vs. diciembre, fuente: Ámbito). Tercero, la fuerte contracción en rubros vinculados a inversión: los volúmenes de Bienes de Capital mostraron una caída de 14% interanual (ACM/Max Capital), mientras que Bienes Intermedios retrocedieron 23,4% interanual y Piezas y Accesorios -32,4% interanual (fuente: ACM). Estas cifras incluyen tanto variaciones de cantidades como de precios: en BK los precios subieron 6,7% interanual pero las cantidades cayeron 14% anual acumulado (ACM).
Comparado con 2024, las importaciones se ubican en niveles similares al promedio del año pasado, cuando todavía existían restricciones al comercio exterior. Distinguimos, además, un efecto calendario: parte de la caída responde a una “normalización” tras adelantamientos de compras previas a las elecciones, pero otra parte refleja una actividad doméstica que no repunta, como destaca la consultora LCG (fuente: Max Capital; LCG).
Por qué esto importa: inversión, producción y empleo
La caída de importaciones de inversión no es un ajuste neutro: significa menos máquinas, menos repuestos y menos insumos para producir. Cuando los Bienes de Capital y las Piezas y Accesorios se desploman (-14% y -36,5% en cantidades según ACM), la capacidad productiva se erosiona y el desempleo industrial se vuelve más probable. Ya hay señales: el cierre de FATE presiona al sector neumático y expone cómo la debilidad de la demanda y la falta de recambio productivo impactan puestos de trabajo directos e indirectos (fuente: Ámbito).
Desde la lente distributiva, este tipo de superávit —generado por menor demanda interna— redistribuye carga hacia los asalariados y las PYMES que ven caer ventas y dificultades para reponer maquinaria. No es un triunfo de productividad sino el reflejo de una economía que ajusta por el lado de la demanda.
Riesgos de dejarlo así: scars productivos y debilitamiento de la demanda
Un período prolongado de baja en importaciones de inversión crea “scars” productivos: empresas que no renuevan capital quedan menos competitivas en el mediano plazo, lo que puede traducirse en pérdida permanente de empleos y en menor capacidad exportadora futura. Además, la persistente debilidad de la demanda interna alimenta un círculo vicioso: menor inversión → menos empleo formal → menor consumo → menos inversión.
Para evitar que el superávit sea solo una foto contable sin recuperación real, debemos mirar políticas que actúen sobre ambos flancos: sostener demanda y recomponer inversión.
Qué políticas hacen falta ahora
Vemos tres prioridades inmediatas:
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Proteger salarios y empleo formal. La pérdida de mercado interno por compresión salarial agrava la caída de importaciones y destruye demanda. Defensa de salarios reales y refuerzos focalizados a ingresos vulnerables sostienen consumo y la continuidad empresarial en segmentos intensivos en mano de obra.
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Créditos dirigidos y financiamiento para inversión. Es necesario crédito en condiciones favorables para la compra de bienes de capital y repuestos, junto con incentivos fiscales temporales para que la renovación tecnológica no quede pendiente. Sin estas herramientas es probable que la caída de BK se traduzca en pérdida de capacidad productiva.
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Gestión del comercio exterior acorde a la producción. No defendemos una apertura indiscriminada ni un cierre automático: la administración del comercio debe proteger la cadena productiva, garantizar acceso a insumos críticos y evitar que la política comercial profundice la recesión. Al mismo tiempo, hacer más predecible el acceso a divisas para importaciones productivas reduce incentivos al sobrestockeo electoral.
Cierre
El superávit de enero es un aviso: sin instrumentos que impulsen inversión y sostengan salarios, la mejora de las cuentas externas puede ser efímera y costosa en términos de empleo. No se trata de festejar un número; se trata de traducir recursos y señales en una política que reconstruya tejido productivo y no premie la contracción de la demanda. Si no lo hacemos, el supuesto éxito comercial quedará como un registro contable que oculta una economía que no repunta.