El mercado espera un dólar relativamente tranquilo: varias casas y bancos proyectan que el mayorista cierre 2026 con una suba moderada —por ejemplo, Barclays estima $1.335 y un grupo mayor habla de $1.600-$1.700— mientras el Banco Central compró alrededor de u$s3.500 millones desde el 5 de enero (iProfesional; FocusEconomics; BCRA).
¿Por qué el dólar está tan estable según las consultoras?
La respuesta que repiten los analistas es oferta extraordinaria de dólares. Desde el triunfo electoral se emitieron en el exterior títulos por cerca de u$s12.300 millones entre empresas y provincias, según el relevamiento citado por iProfesional. Además, la recomposición de precios de commodities sumaría más de u$s6.000 millones en ingresos esperados (iProfesional). En paralelo, el mercado de futuros del Matba-Rofex cotiza un mayorista en torno a $1.708 para diciembre, alineado con el consenso de FocusEconomics que ubica el tipo de cambio en $1.712,5. Estos flujos y la cotización de futuros explican por qué hoy el dólar mayorista opera cerca de $1.400 y acumula una caída cercana al 4% en lo que va del año (iProfesional). Para los pronosticadores, la combinación de mayor oferta y menor demanda en un año no electoral es la clave de la estabilidad (FocusEconomics; Matba-Rofex).
¿Es sostenible la tranquilidad cambiaria?
No necesariamente de manera automática. La acumulación de reservas del BCRA —u$s3.500 millones comprados desde enero, según el informe citado por iProfesional— reduce presiones de corto plazo, pero la sostenibilidad depende de cómo se financien esas compras y de la postura fiscal. Respaldamos la acumulación de reservas solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro (posición previa). Si las compras se esterilizan correctamente y el Tesoro no recurre vía BCRA, la estrategia puede ganar tiempo. Sin embargo, el rango de flotación oficial vigente va de $853,6 a $1.635,5 (BCRA), y varias proyecciones del mercado —por ejemplo FocusEconomics con $1.712,5 y el REM del BCRA con $1.707— sitúan a la cotización de equilibrio por encima del límite superior; eso sugiere riesgo de atraso cambiario si la autoridad mantiene el ritmo de compras sin reglas fiscales claras (BCRA; REM; FocusEconomics).
¿Qué implica esto para ahorristas, empresas y el sector externo?
Para los petits y los inversores institucionales, un dólar que suba menos que la inflación real implica pérdida de poder adquisitivo en moneda local frente a precios: las proyecciones relevadas por FocusEconomics implican un avance del tipo de cambio de alrededor de 17,7% en 2026 frente a una inflación esperada de 27% (FocusEconomics; iProfesional). Eso reduce el incentivo a dolarizar carteras pero también presiona márgenes de exportadores y la competitividad. Para los bancos y los mercados internacionales, cifras como la colocación de u$s12.300 millones en emisión externa mejoran la percepción de acceso al mercado (iProfesional), pero los inversores mirarían con atención la independencia del BCRA y la calidad del superávit estadístico: si las reservas suben por compras recurrentes financiadas por el Tesoro, la calma será efímera y los riesgos de una corrección brusca crecerán.
En definitiva, la lectura del mercado es coherente con un tipo de cambio más calmado: flujos genuinos de empresas y commodities y compras del BCRA explican el panorama actual. Vemos tres condiciones que deben cumplirse para que la tranquilidad sea duradera: 1) transparencia en la acumulación de reservas y ausencia de financiamiento encubierto del Tesoro; 2) reglas fiscales creíbles que sostengan el déficit; 3) margen para una política monetaria consistente con la lucha contra la inflación. Sin esas condiciones, la apreciación real del peso será temporal y el riesgo de ajuste futuro se mantendrá alto.