El salario promedio del sector privado registrado prácticamente empata con la inflación acumulada entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, pero pierde frente a los precios relativos de los servicios: subió 251,93% versus una inflación acumulada de 249,40% en ese mismo periodo, según Focus Market con datos del SIPA. Esta cifra agregada esconde oscilaciones que dejaron a los salarios reales por debajo de niveles previos y han vuelto más frágil la capacidad de compra de hogares con dos remuneraciones promedio. La lectura rápida es que la pelea ya no es solo contra la inflación general, sino contra la composición del gasto familiar, donde las tarifas y el transporte comen cada vez más ingreso.

¿Qué dicen los números y cómo se comportaron en el tiempo?

Los datos muestran que el empate agregado esconde picos y caídas: entre noviembre de 2023 y marzo de 2024 el salario nominal aumentó 81,8% frente a una inflación de 93,3% en el mismo tramo (acumulado), lo que provocó la mayor pérdida de salario real del periodo, según Focus Market con datos del SIPA. Posteriormente hubo recomposiciones salariales durante 2024 y 2025, incluyendo efectos transitorios por aguinaldos, que permitieron recuperos temporales aunque insuficientes para consolidar una mejora sostenida. Además, el informe indica que el salario privado formal acumuló una caída cercana al 20% en términos reales respecto de 2017, lo que relativiza cualquier avance reciente y plantea un desafío de fondo para la negociación salarial y la política macroeconómica.

¿Cómo impacta esto en las familias argentinas?

La canasta de servicios es el principal punto de quiebre: con dos salarios promedio se podían comprar 1,19 canastas de servicios en noviembre de 2023, mejoró a 1,77 en marzo de 2025 y volvió a caer a 1,18 en noviembre de 2025, con una proyección de 1,14 para marzo de 2026, según Focus Market (proyección a marzo de 2026). En paralelo, la porción del ingreso necesaria para cubrir esa canasta subió de 56,4% en marzo de 2025 a 87,3% en la proyección para marzo de 2026 (porcentaje del ingreso), lo que deja poco margen para otros gastos. La canasta alimentaria mostró mejor dinámica: pasó de 5,64 canastas con dos salarios en noviembre de 2023 a 6,76 en marzo de 2025 y a 6,24 proyectadas para marzo de 2026, con el gasto en alimentos rondando cerca del 16% del ingreso, según el mismo informe. El resultado práctico es que muchas familias adelantan pagos o toman deuda para llegar a fin de mes.

¿Qué políticas hacen falta para recuperar poder de compra sin destruir empleo?

Desde nuestra perspectiva, la prioridad es proteger el ingreso y el empleo mientras se avanza en consolidación fiscal: apoyamos la consolidación fiscal que no se financie con recortes previsionales ni salariales y exigimos medidas productivas y progresivas para proteger empleo e industria. En lo inmediato hace falta una regulación temporal y focalizada de las tarifas esenciales —acompañada por compensaciones redistributivas para hogares vulnerables— y acuerdos de negociación colectiva con cláusulas de recomposición por inflación que atenúen pérdidas intermedias. A mediano plazo se requieren políticas productivas: crédito subsidiado para pymes intensivas en empleo, incentivos a la inversión que aumenten productividad y mecanismos para atenuar la indexación absoluta de servicios en dólares o por tarifas. Sin estas medidas, el equilibrio entre sostener cuentas públicas y preservar demanda interna será ilusorio y el ajuste terminará descargándose sobre salarios y empleo.