Mayo trae aumentos salariales heterogéneos: desde 1,6% en empleadas domésticas hasta salarios básicos por $3.914.000 en petroleros, según el relevamiento publicado por Ámbito y los convenios citados. Observamos que los acuerdos combinan porcentajes mensuales, sumas fijas y la incorporación parcial de sumas no remunerativas al básico, lo que altera no solo el bolsillo inmediato sino también la futura base de cálculo de adicionales y aguinaldos.

¿Qué números aparecen y qué dicen sobre la recuperación del salario?

En los cierres recientes varios convenios registran subas distintas: FATSA pactó una recomposición total del 9,4% sobre los básicos vigentes hasta marzo, con un tramo de 1,6% para este mes y un bono de $90.000 (según Ámbito). El sindicato bancario aplicó un ajuste del 3,4% por la inflación de marzo y acumula 9,4% en el primer trimestre respecto de diciembre de 2025 (según Ámbito). En el sector farmacéutico, SAFYB fijó un básico de $3.444.000 en abril, $3.549.000 en mayo y $3.624.000 en junio (según Ámbito). Estos números muestran avances nominales, pero no aseguran recuperación real sin comparar con la inflación acumulada: si la inflación interanual sigue alta, las mejoras pueden quedar parcialmente erosionadas. Además, la incorporación de sumas no remunerativas al básico en convenios como construcción y camioneros (donde $49.471 se incorporan al básico) cambia la composición del salario más que su poder adquisitivo inmediato (según Ámbito).

¿Cómo impacta esto en el mercado laboral y el consumo?

Los aumentos sectoriales alivian parcialmente la pérdida de poder de compra para quienes estén dentro de convenios negociados, pero dejan afuera a trabajadores informales y a empleos sin representación colectiva. Por ejemplo, la Comisión de Trabajadoras de Casas Particulares acordó 1,8% este mes y 1,6% el siguiente, además de una suma no remunerativa de entre $10.000 y $20.000 según horas trabajadas (según Ámbito), niveles que están muy por debajo de muchos convenios formales. La distribución heterogénea de los incrementos tiende a ampliar brechas: sectores con mayor capacidad de negociación (farmacéuticos, petroleros) aseguran básicos elevados, mientras que comercio y empleadas domésticas muestran subas menores y dependencia de bonos. Desde la perspectiva de la demanda agregada, necesitamos que los aumentos sean generalizados y sostenidos: salarios son también demanda. Si la política pública no acompaña con medidas focalizadas para sostener el ingreso —por ejemplo, topes temporales a aumentos tarifarios para preservar salario real, tal como ya hemos planteado— el consumo puede seguir debilitándose y la recuperación del empleo formal se demorará.

¿Qué deberían mirar los negociadores y el Estado ahora?

Los negociadores deben priorizar la indexación razonable y la incorporación progresiva al básico cuando eso beneficie a la calidad del ingreso, sin que las empresas trasladen costos indiscriminados. El Estado, por su parte, debe monitorear la cobertura de estas mejoras: según Ámbito, hay sectores con sumas no remunerativas que protegen nominalmente pero no siempre consolidan ingresos. Además, frente al creciente malestar social reportado por UDESA —que ubicó a los bajos salarios entre las tres principales preocupaciones en abril— es imprescindible coordinar medidas para evitar que los aumentos se licúen por la inflación o se compensen con recortes en jubilaciones o programas sociales. Nosotros vemos necesario complementar negociaciones paritarias con políticas temporales y focalizadas que protejan el salario real y el consumo, manteniendo la tarifa social y sin recortar jubilaciones, como forma de sostener la demanda y evitar que la presión inflacionaria deteriore los acuerdos alcanzados.

Fuentes: relevamiento y nota sectorial en Ámbito (1/5/2026); relevamiento Universidad de San Andrés (UDESA) citado en Ámbito.