El Banco Central compró US$7.155 millones en el primer cuatrimestre, según datos del propio organismo (según el BCRA). En abril las compras sumaron US$2.770 millones y el saldo del día 30 fue de US$207 millones, lo que dejó las reservas brutas en US$44.483 millones al cierre de abril (según el BCRA). Ese volumen representa más del 70% del piso de compras de US$10.000 millones que el Central fijó con el FMI para el año (según la nota). Vemos una mejora cuantitativa innegable, pero la pregunta clave para los mercados y para la sostenibilidad fiscal es si esa acumulación es genuina ocondependiente del Tesoro.
¿Qué pasó y por qué importa?
En las últimas ruedas el BCRA compró divisas casi todos los días, con un promedio diario de alrededor de US$90 millones desde el inicio del nuevo esquema cambiario (según el BCRA). Las compras se produjeron en todas las jornadas salvo el 2 de enero, y acumularon US$2.770 millones durante abril (según el BCRA). Ese ritmo explica por qué, en términos brutos, la institución ya superó el 70% del piso de US$10.000 millones pactado con el FMI para el año. Para los mercados esas cifras operan como señal positiva: ofrecen colchón frente a shocks y reducen presión sobre el tipo de cambio spot. Pero la magnitud de las compras por sí sola no resuelve preguntas centrales sobre la liquidez neta y la composición de pasivos que el BCRA enfrenta.
¿Es sostenible esta acumulación?
La respuesta depende de dos cosas: la genuinidad de las entradas y el calendario de pasivos. Según Portfolio Personal Inversiones (PPI), las reservas netas al 27 de abril se estimaban en -US$587 millones en la medida más exigente, descontando depósitos del Tesoro por US$526 millones y vencimientos de BOPREAL a 12 meses por US$1.174 millones (según PPI). Además, PPI señala pasivos que pesan a 12 meses: repos por US$3.000 millones con bancos internacionales y la amortización del BOPREAL Serie 1 A por aproximadamente US$2.700 millones, ambos con vencimiento en abril de 2027 (según PPI). En la práctica esto significa que, aunque el BCRA compre dólares y las reservas brutas suban, la posición neta puede ser vulnerable si los pasivos de corto plazo se renuevan o si el Tesoro recurre a la autoridad monetaria para necesidades de caja. La estacionalidad de la cosecha gruesa y la colocación de deuda en dólares del Tesoro pueden ayudar a recomponer reservas netas en mayo-julio, pero no garantizan solvencia estructural sin claridad sobre pasivos y flujos futuros.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
En el corto plazo la acumulación está calmando variables de mercado: el riesgo país cayó a 567 puntos básicos al cierre de abril y los operadores han encontrado espacio para carry y dolarización de carteras (según la nota). Un tipo de cambio relativamente estable y compras diarias explican parte de esa mejora, al igual que expectativas sobre la cosecha y colocaciones del Tesoro en dólares. Sin embargo, los mercados interpretan con rapidez cualquier señal de financiamiento encubierto. Si las compras del BCRA terminan siendo un canal para que el Tesoro se haga de divisas de manera indirecta, la confianza se erosiona y la apreciación puede revertirse. Desde nuestra perspectiva apoyamos la acumulación condicionada: debe ser transparente, no constituir financiamiento encubierto del Tesoro y venir acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA (posición coherente con notas previas del 29 y 30 de abril). Recomendamos publicar con detalle las operaciones diarias, el stock y calendario de pasivos de corto plazo y un plan fiscal que haga creíble el desapalancamiento del sector público. Sin esas garantías, las cifras brutas son alentadoras pero insuficientes para llamar a la tranquilidad durable del mercado.