El riesgo país argentino, medido por JP Morgan, cerró en 498 puntos básicos, su nivel más bajo desde enero (según JP Morgan, reportado por iProfesional). La baja coincidió con una mejora de calificación por parte de Fitch —de CCC+ a B- con perspectiva estable— y con avances en bonos en dólares (subas de hasta 0,9% en algunos Globales, según iProfesional). En paralelo, el dólar mayorista se mantuvo en torno a $1.400 y el minorista cerca de $1.420 (cotizaciones citadas por iProfesional). Este paquete de señales financieras mejora la percepción de riesgo, pero no resuelve por sí solo la fragilidad fiscal y la necesidad de anclas institucionales.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Los movimientos fueron netamente favorables para los activos de riesgo locales: el S&P Merval subió alrededor de 1,1% y los ADRs mostraron mayoría de alzas, con YPF y Pampa Energía destacadas (datos según iProfesional). En renta fija, los bonos en dólares lideraron la jornada —Global 2038, Global 2046 y Bonar 2041 avanzaron hasta 0,9% en la rueda—, lo que redujo spreads y alivió la curva en dólares. Para los inversores internacionales, la combinación de una mejora de calificación (Fitch) y compras selectivas del mercado ofrece un mayor apetito por duration argentina.
En el frente cambiario, la estabilidad del dólar mayorista en torno a $1.400 (según iProfesional) y la atención sobre las compras del Banco Central moderaron expectativas de depreciación inmediata. Sin embargo, la dinámica de corto plazo dependerá de la continuidad en la acumulación de reservas y de si esa acumulación es percibida como autosustentable o como financiamiento encubierto del Tesoro.
¿Qué hay detrás de la mejora del riesgo país?
La catalización de la baja del spread fue la decisión técnica de Fitch de elevar la nota de largo plazo de CCC+ a B- (Fitch Ratings, reportado por iProfesional). La agencia señaló una mejora relativa en la capacidad de pago y mayor predictibilidad, lo que reduce prima de riesgo percibida. Además, la operatoria en bonos ya venía mostrando recuperación en jornadas previas, amplificada por la recomposición de precios luego de lecturas macro mejores de lo esperado.
No obstante, el mercado mantiene cautela política: funcionarios como el ministro Luis Caputo reconocen que la percepción de riesgo incorpora probabilidades de cambios de rumbo ante elecciones (citado por iProfesional). La lectura es clara: la mejora crediticia y la compra de activos son condiciones necesarias para bajar el costo de financiamiento, pero no suficientes si el riesgo político eleva la incertidumbre sobre continuidad de políticas y estabilidad institucional.
¿Esto garantiza estabilidad real?
La respuesta es negativa si se mira la economía real. Según la misma cobertura, la recaudación tributaria en abril alcanzó $17,4 billones, con un aumento nominal interanual de 27,2% pero una caída real cercana al 4% interanual (datos citados por iProfesional). Esa debilidad fiscal real obliga al Tesoro a financiarse de manera más activa en mercados locales y a depender —si las condiciones lo permiten— de la acumulación de reservas. Aquí está el quid: apoyamos la acumulación de reservas solo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales y mayor independencia del BCRA.
En la práctica, una mejora del riesgo país facilita licitaciones y reduce tasas de acceso en dólares, pero no substituye la necesidad de medidas fiscales creíbles y de reglas claras para el Banco Central. El mercado ahora mira dos datos clave: el IPC de abril y la licitación del Tesoro de mayo (según iProfesional y el REM del BCRA, que proyecta una inflación mensual de 2,6%). Si la inflación sorprende al alza o la renovación de vencimientos falla, la baja del riesgo será frágil y reversible.