El anuncio oficial es directo: el Ejecutivo impulsará una reforma tributaria en 2026 con metas como eliminar el impuesto a los débitos y créditos bancarios y los derechos de exportación, y bajar alícuotas clave si el frente fiscal lo permite (iProfesional, 26/2/2026). Esa es la foto inicial; lo relevante para quienes ahorran o gestionan un negocio es qué cambia hoy, qué demora y qué efecto práctico tendrá en precios, salarios y en la caja de las provincias.

¿Qué propone la reforma y qué números aparecen?

La reforma que describe la fuente oficial incluye varias líneas: eliminar el impuesto al cheque y las retenciones a las exportaciones, derogar el ITI en transferencias de inmuebles y recortar impuestos internos salvo para alcohol, golosinas y cigarrillos; además, bajar Ganancias sobre alquileres y ventas de inmuebles (iProfesional, 26/2/2026). En materia de impuestos generales buscan uniformar el IVA: hoy conviven tasas de 10,5%, 21% y 27% y la propuesta apunta a una alícuota única cercana a 18% o 19% (iProfesional, 26/2/2026). Para empresas, la meta anunciada es reducir la alícuota del impuesto a las ganancias a 25% (iProfesional, 26/2/2026). Todos los pasos se condicionan a la evolución fiscal.

¿Cómo impacta esto en el bolsillo y en los precios?

Si se eliminan retenciones y algunos impuestos internos, en teoría baja el costo para productores y algunos bienes exportables podrían abaratarse en origen. Pero los efectos sobre precios internos no son automáticos: si la reforma deteriora el frente fiscal en el corto plazo puede presionar la emisión o el tipo de cambio, y ahí la inflación gana terreno. Además, el plan incluye un ajuste mensual del impuesto a los combustibles —su peso cayó de 0,8% del PBI a 0,4% por falta de actualización histórica y ahora se propone regularizarlo (iProfesional, 26/2/2026). En resumen: hay ganancia de competitividad potencial, pero también riesgos de transmisión a precios si no se compensan fiscalmente.

¿Qué implica para las provincias y la coparticipación?

El texto plantea avanzar hacia un nuevo pacto fiscal para frenar subas del impuesto sobre los ingresos brutos y de tasas municipales de seguridad e higiene, y estudia una reforma de la ley de coparticipación federal que requeriría consenso provincial (iProfesional, 26/2/2026). Es clave recordar que cambios de este tipo necesitan acuerdos y tiempo; la nota misma indica que una reordenación amplia podría quedar sujeta a un triunfo electoral en 2027. Para empresas y monotributistas, la expectativa de menor presión sobre ingresos brutos es buena en términos de costos de operación, pero la transición puede ser heterogénea entre provincias.

Qué podemos hacer con nuestros ahorros y decisiones prácticas

Frente a anuncios grandes y condicionales preferimos actuar con precaución y simpleza. Primero, mantener parte del ahorro en dólares sigue siendo razonable para proteger poder de compra, como venimos sosteniendo. Segundo, para pesos, priorizar instrumentos indexados (bonos CER/UVA o plazos ajustados por inflación) ayuda a conservar saldo real ante volatilidad fiscal. Tercero, si la reforma reduce formalmente ciertas cargas empresarias, puede mejorar márgenes en sectores exportadores; eso abre lugar a diversificar con cedears o acciones si el horizonte es mediano y se acepta volatilidad. Evitar movimientos complejos por anuncios: las reducciones dependen del frente fiscal y podrían tardar o ser parciales (iProfesional, 26/2/2026). En pocas palabras: no fijar decisiones de ahorro únicamente en anuncios; planificar según horizonte y costo de oportunidad.