Las reservas brutas del Banco Central cayeron u$s296 millones y quedaron en u$s43.536 millones, pese a que la entidad intervino comprando u$s57 millones en el Mercado Libre de Cambios (MLC) ese día, según informó Ámbito.
¿Qué pasó con las reservas y por qué?
Observamos que la dinámica no es lineal: el BCRA compró u$s57 millones en la rueda y acumula compras por u$s203 millones en lo que va de la semana, pero aun así las reservas brutas retrocedieron u$s296 millones y tocaron el nivel más bajo desde el 5 de enero, según Ámbito con datos del BCRA. Parte del drenaje se explica por pagos: el miércoles el Central afrontó desembolsos en torno a u$s50 millones, según fuentes oficiales citadas por Ámbito. Además, desde la vuelta a las ruedas el stock de activos internacionales acumula un retroceso de u$s272 millones en la semana, siempre según el mismo medio. Estos números muestran que la mecánica de acumulación diaria convive con salidas puntuales que complican la lectura sobre tendencia neta.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
Para los agentes la señal es doble. Por un lado, la intervención compradora sugiere intención de acumular reservas; por otro, la caída neta indica que esas compras no alcanzan para compensar salidas y obligaciones, como los pagos de deuda mencionados por la autoridad. Las reservas netas, medidas por el economista Federico Machado (OPEN), permanecieron en negativo por -u$s1.855 millones y las llamadas “supernetas” llegaron a -u$s3.436 millones, lo que restringe la capacidad de maniobra del BCRA ante shocks externos (según Federico Machado, OPEN). En el mercado cambiario, el tipo de cambio mayorista retrocedió $9,50 (-0,7%) hasta $1.368, y la brecha con el techo de la banda superó el 20% por primera vez en nueve meses, según Ámbito con datos del BCRA. Ese combo explica por qué algunos segmentos financieros muestran leve presión compradora y por qué los ADR perdieron hasta 4,6% en Wall Street, según la cobertura del día.
¿Qué riesgos abre esta combinación para la estabilidad cambiaria?
Vemos tres riesgos inmediatos. Primero, que la acumulación aparente sea frágil: si las compras del BCRA (u$s57 millones en la rueda, u$s203 millones en la semana, según Ámbito) dependen de flujos temporales, la vulnerabilidad persiste. Segundo, la posición neta negativa (-u$s1.855 millones según Federico Machado) implica menor colchón para afrontar shocks de capital o mayores pagos externos. Tercero, la existencia de una brecha creciente entre tipos oficiales y paralelos —el dólar blue subió y la brecha con el oficial superó el 4%, según Ámbito— alimenta incentivos a arbitrar y a dolarizar activos. Históricamente, cuando la acumulación no es clara y las reservas netas están en terreno negativo, la presión sobre el tipo de cambio y la fuga informal aumentan: ejemplos previos muestran que la percepción de financiamiento encubierto o de intervención oportunista termina erosionando reservas.
Qué pedimos: condiciones para apoyar la acumulación de reservas
Respaldamos la acumulación de reservas del BCRA solo si es transparente y no constituye financiamiento encubierto del Tesoro; esa postura sigue siendo la guía. En la práctica, exigimos tres condiciones cuantificables: a) informes diarios y desagregados de compras y ventas en el MLC y en subcuentas, para confirmar que las compras (por ejemplo u$s57 millones en la última rueda, según Ámbito) provienen de intervenciones legítimas; b) un calendario de obligaciones externas y su impacto esperado en reservas, incluyendo pagos como los u$s50 millones afrontados la semana pasada (según Ámbito); y c) límites operativos sobre operaciones de crédito al Tesoro que impidan que la acumulación sea un disfraz de financiamiento fiscal. Si estas condiciones se cumplen, la acumulación es plausible; si no, estaremos ante un ejercicio que mejora números brutos pero empeora la credibilidad y la sostenibilidad de la política cambiaria.
En suma, lo que hoy parece una compra diaria con ruido no disipa la preocupación central: las reservas netas negativas y las salidas puntuales ponen en duda la resiliencia externa. Exigimos transparencia y reglas claras para que la acumulación sea durable y no una tarea operativa que, a la larga, aumente la vulnerabilidad cambiaria.