En marzo el salario promedio pretendido por postulantes fue $1.786.395, con una suba mensual de 1,74%, por debajo de la inflación mensual de 3,4% — según el informe de Bumeran y el dato de inflación del INDEC.

¿Qué muestra el dato?

El relevamiento de Bumeran indica que las pretensiones salariales acumularon un aumento de 3,16% entre enero y marzo de 2026, frente a una inflación acumulada del primer trimestre de 9,4% según el INDEC, lo que deja una pérdida relativa de 6,23 puntos porcentuales para los salarios pretendidos. Además, en marzo las diferencias por seniority son notables: jefaturas promedian $2.596.509 con una suba mensual de 0,47%, perfiles semi senior y senior demandan $1.788.635 (+2,11% mensual) y los junior $1.329.862 (+1,69% mensual) — todos datos de Bumeran. Es la primera vez desde 2024 que las pretensiones del primer trimestre quedan por debajo de la inflación del período, lo que marca un cambio en la dinámica de expectativas salariales y apunta a una mayor contención de demandas desde los postulantes.

¿Qué significa esto para el salario real y el consumo?

Vemos que cuando las pretensiones salariales no acompañan la inflación se genera una licuación del salario real que afecta directo al consumo doméstico. Con una inflación mensual de 3,4% en marzo y una subida de pretensiones de 1,74% en ese mes, el poder de compra de quienes negocian salario o buscan trabajo se erosiona, según Bumeran e INDEC. En un país donde el salario es también motor de demanda agregada, esta pérdida real puede traducirse en menor demanda de bienes y servicios, afectando empleo en sectores intensivos en mano de obra. Además, la contención de expectativas puede ser síntoma de mayor precariedad o de temor a la pérdida de empleos en un mercado con alta oferta de candidatos en posiciones operativas, lo que refuerza la necesidad de medidas que protejan tanto el ingreso como la demanda.

¿Quién gana y quién pierde con esta dinámica?

La distribución es clave: la caída relativa de las pretensiones favorece temporalmente a los empleadores que contratan, pero perjudica a los asalariados y a los jubilados cuyo ingreso no se ajusta igual de rápido que la inflación. Bumeran muestra además una reducción de la brecha de pretensiones por género a 7,70% en marzo, desde 14,05% en enero, lo que puede reflejar una combinación de cambios sectoriales y mayor participación femenina en postulaciones; sin embargo, esa mejora relativa no compensa la pérdida real generalizada. Sectores como Tecnología y Comercial muestran subas acumuladas fuertes entre juniors y seniors, mientras que limpieza, mantenimiento y atención al cliente siguen con pretensiones mucho más bajas — todo según Bumeran — lo que evidencia heterogeneidad que agrava la desigualdad interna del mercado laboral.

Qué políticas proponemos para no convertir esto en ajuste sobre el trabajo

Ante una contención de pretensiones frente a una inflación más alta, debemos evitar que esa dinámica se use como pretexto para recortes permanentes. Proponemos medidas temporales y focalizadas que protejan el salario y el consumo: indexación automática y transparente para salarios mínimos y programas sociales, fortalecimiento de la negociación colectiva para recomponer ingresos, y topes temporales y focalizados a aumentos tarifarios para evitar trasladar a los hogares presiones adicionales — coherente con nuestra posición previa sobre tarifas. También proponemos refuerzos a la tarifa social y cláusulas de salvaguarda para jubilaciones, junto a incentivos a la creación de empleo formal en sectores industriales y tecnológicos para mejorar salarios por productividad y no por mera transferencia de renta.

Con estos pasos buscamos que la contención de expectativas no se traduzca en pérdida permanente de capacidad adquisitiva ni en un ajuste que descargue sobre el empleo y los jubilados, y que, en cambio, impulse políticas activas que permitan recuperar salario real mediante más trabajo de calidad y mayor producción.