Los ahorristas minoristas compraron neto US$1.897 millones de billetes en marzo; en el primer trimestre sumaron US$6.188 millones, cifra que supera el superávit comercial de US$5.298 millones del mismo período, según el Informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario del Banco Central (BCRA, abril 2026). Esta dinámica explica por qué, pese a una menor dolarización tras las elecciones de octubre, la demanda por dólares sigue siendo la fuerza dominante en el mercado cambiario.
¿Qué pasó?
Observamos una ola sostenida de compras minoristas desde la salida parcial del cepo a mediados de abril de 2025. Según el BCRA, las compras brutas del sector alcanzaron más de US$33.000 millones y, neteadas, implicaron adquisiciones por US$28.498 millones desde entonces (Informe BCRA). Los montos mensuales netos en 2025 fueron: abril US$1.937 millones, mayo US$1.954 millones, junio US$2.020 millones y octubre US$4.196 millones; en 2026 la serie continuó con enero US$2.203 millones, febrero US$2.088 millones y marzo US$1.897 millones (BCRA). Además, si se incluye el total de la Formación de Activos Externos (FAE) —que suma FAE US$32.340 millones el último año— la salida de moneda alcanza un récord de siglo (BCRA). Estos números no son ruido: muestran una preferencia persistente por dólares que supera la capacidad de generación de divisas del sector externo en el corto plazo.
¿Cómo impacta esto en el mercado cambiario?
La operación es sencilla de leer con la lente del tipo de cambio: cuando la demanda de billetes supera el superávit comercial, las reservas quedan en tensión. En el primer trimestre de 2026, la compra neta de US$6.188 millones superó el superávit comercial de US$5.298 millones, lo que implica que, para mantener el tipo de cambio, el BCRA o el sistema tuvieron que absorber esa diferencia (BCRA). Desde abril de 2025 hasta marzo 2026, la fuga medida alcanza US$39.500 millones si se contabilizan giros a cuentas en el exterior (BCRA), una cifra que reduce margen de maniobra. El riesgo inmediato es doble: o se recurren a reservas para contener la cotización —drenando liquidez internacional— o se cierran canales con más controles, lo que incentiva el mercado paralelo y la brecha cambiaria. Vemos también un problema de credibilidad: sin reglas claras sobre intervención y objetivos del BCRA, cada compra minorista se percibe como una apuesta a una devaluación futura.
¿Qué deberían hacer las autoridades?
La respuesta no es reprimir la demanda privada por decreto ni permitir que las reservas se conviertan en caja fiscal. Primero, el BCRA necesita reglas y transparencia: publicar metas periódicas de reservas, explicar operaciones de mercado y separar claramente compras por liquidez de acumulación con propósito macroprudencial (según nuestra posición publicada el 25/4/2026). Segundo, la política fiscal debe aportar anclas: sin déficit compatible con financiamiento de mercado, cualquier intento de intervención será insostenible. Tercero, diseñar instrumentos que canalicen la demanda de ahorristas sin drenar reservas —por ejemplo, mecanismos de esterilización financiados por emisión de deuda de corto plazo en moneda local indexada—, siempre bajo cláusulas que eviten financiar al Tesoro vía BCRA. Por último, recuperar independencia y reglas del banco central es clave: la historia argentina muestra que la discrecionalidad y la mezcla de objetivos terminan en controles más duros o en pérdida de reservas.
En síntesis, los números del BCRA dejan claro que la dolarización minorista está consumiendo el colchón externo. Respaldamos la acumulación de reservas sólo si es transparente, no constituye financiamiento encubierto del Tesoro y viene acompañada de anclas fiscales que reduzcan la necesidad de soporte oficial (posición editorial, 25/4/2026). De no hacerlo, el país enfrenta la disyuntiva clásica: sustentar reservas con costos fiscales y de credibilidad, o volver a un esquema de controles que terminará profundizando la brecha y la informalidad.