Empezamos por lo práctico: la inflación en la Argentina no es solo una molestia estadística. Erosiona salarios, complica la planificación de empresas chicas y altera decisiones de ahorro y crédito. Por eso conviene entender no solo cuánto suben los precios, sino por qué suben de forma persistente en este país.

Tres cifras para enmarcar la discusión

Para poner la escala: la inflación interanual fue 36.1% en 2020, 50.9% en 2021 y 94.8% en 2022, todas según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y referidas a variaciones interanuales (año contra año) (INDEC). Estas cifras muestran que el problema no es puntual: hubo una aceleración clara entre 2020 y 2022, y esa dinámica es la que explica por qué la inflación quedó arraigada en expectativas, precios relativos y contratos indexados.

Una visión de conjunto: múltiples eslabones, un resultado final

La inflación es, en esencia, un aumento generalizado y sostenido de precios. En la práctica argentino conviven varias fuentes que interactúan y se retroalimentan. Podemos agruparlas en cuatro grandes bloques:

  1. factores fiscales y la financiación del déficit,
  2. política monetaria y crecimiento de la base monetaria,
  3. rigideces estructurales e indexación de la economía,
  4. el canal cambiario y la preferencia por el dólar.

Cada uno por separado puede empujar precios. Juntos, explican por qué la inflación en la Argentina suele ser alta y persistente.

1. Déficit fiscal y su financiamiento

Un déficit fiscal crónico obliga al Estado a buscar financiamiento. Cuando el financiamiento externo o vía mercado local es limitado, una salida recurrente es la asistencia monetaria indirecta o directa. Esa asistencia implica que el Banco Central termina expandiendo la base monetaria para comprar deuda pública o para colaborar con la Tesorería.

No se dice que todo déficit cause inflación de inmediato, pero en contextos donde la economía está cerca de su capacidad y la moneda pierde credibilidad, el efecto es más rápido. Además, cuando se combina con controles y múltiples tipos de cambio, la señal que reciben precios y empresas se distorsiona y acelera el traslado a precios domésticos.

2. Política monetaria, emisión y expectativas

La relación entre emisión y precios no es mecánica ni instantánea. Sin embargo, en la Argentina la experiencia histórica muestra que episodios de fuerte expansión monetaria han terminado alimentando inflación cuando las expectativas se desanclan.

La expectativa importa porque determina el comportamiento de salarios, precios y contratos. Si los agentes esperan inflación alta, negocian aumentos salariales más altos y las empresas actualizan precios con mayor frecuencia, creando una dinámica autorreforzante. Esa indexación de expectativas es una característica persistente de nuestra historia económica.

3. Indexación e inertias: cómo la economía se autoalimentan

La indexación significa que muchos contratos, tarifas y precios se ajustan de forma automática o frecuente por referencia a la inflación pasada o a la variación del tipo de cambio. Esto incluye alquileres, paritarias semi-anticipadas, precios máximos y acuerdos de precios.

La indexación convierte shocks temporales en efectos duraderos. Por ejemplo, un salto del precio de la energía importe como insumo puede trasladarse rápidamente a precios finales si las empresas incorporan ese aumento y luego ajustan otras partidas para no perder margen. Con salarios y contratos que se corrigen por inflación pasada, se genera una inercia.

4. El canal cambiario y la preferencia por el dólar

En Argentina la moneda local convive con una demanda crónica por dólares. Esa preferencia tiene raíces en experiencias pasadas: quienes mantuvieron ahorro en pesos perdieron poder adquisitivo, mientras que quienes guardaron dólares lo preservaron. Esa memoria colectiva condiciona decisiones hoy.

Cuando el peso se deprecia, el traslado a precios domésticos es directo en rubros con insumos dolarizados. Además, la existencia de múltiples tipos de cambio (oficial, contado con liquidación, blue, etc.) complica la formación de precios relativos y crea arbitrajes que, en episodios de tensión, alimentan la inflación.

Factores externos y de costos

No todo es interno. Aumentos en precios internacionales de commodities, energía o fletes se trasladan a la economía local. En una economía con alto componente importado en insumos industriales o donde la energía tiene tarifas subsidiadas que luego se ajustan, los saltos externos tienen impacto sobre la tasa de inflación.

Ese canal es más poderoso cuando la moneda local pierde valor y cuando la economía está dolarizada en ingresos o costos.

Historia breve para entender la inercia

La Argentina tiene episodios de alta inflación e hiper, y otros con estabilidad relativa. Esos vaivenes condicionan comportamiento: la convertibilidad de los 90 mostró por qué anclar una moneda puede frenar precios; la ruptura posterior mostró los costos de ajustar por devaluación. Esas lecciones históricas alimentan la desconfianza en soluciones puramente nominales y explican por qué la política antiinflacionaria requiere credibilidad sostenida, no solo una decisión puntual.

Por qué las medidas parciales suelen fallar

Controlar precios por decreto puede dar alivio temporal, pero sin atacar origen fiscal o credibilidad cambiaria suele terminar en distorsiones: escasez, menor inversión, saltos posteriores de precios o necesidad de subsidios crecientes.

Lo mismo vale para aumentos aislados de tasas sin una estrategia coherente de financiamiento del déficit. Si la tasa sube pero el Tesoro sigue financiándose vía emisión, la tasa real puede comportarse mal y la inflación volverá.

¿Qué políticas funcionan, en general?

No hay receta mágica, pero hay elementos que se repiten en experiencias exitosas:

  • disciplina fiscal creíble o esquema de financiamiento sostenible;
  • metas monetarias compatibles con la hoja de financiamiento fiscal;
  • anclar expectativas a través de señales claras y persistentes;
  • reducir la indexación gradual mediante contratos más flexibles y herramientas de protección focalizadas;
  • manejo ordenado del tipo de cambio con reservas y reglas claras para evitar saltos bruscos.

Cada país combina estas herramientas según su estructura institucional y contexto. En la Argentina, la política necesita además reconstruir confianza en la moneda nacional a lo largo del tiempo.

Qué pueden hacer los ahorristas y las familias hoy

Vemos que la inflación deriva de causas múltiples y que la solución lleva tiempo. Para quien planifica finanzas personales hay soluciones prácticas:

  • Mantener parte del ahorro en dólares como reserva de valor. Esto no es ideología sino gestión de riesgo: históricamente, ahorrar en dólares protegió poder adquisitivo frente a la inflación alta.
  • Usar instrumentos en pesos indexados cuando estén disponibles, como plazos vinculados a inflación o UVAs, siempre con atención a la tasa real ofrecida y la duración.
  • Diversificar: combinar instrumentos locales (fondos de corto plazo, instrumentos ajustados) con activos en moneda dura o exposición internacional mediante cedears si se dispone de horizonte medio.
  • Evitar confiar en plazos fijos tradicionales como única estrategia si la tasa ofrecida es menor que la inflación esperada. Revisar tasa real esperada comparando con proyección de inflación.
  • Para gastos recurrentes, presupuestar con un margen por inflación y revisar contratos anuales de servicios o alquileres con anticipación.

Estas recomendaciones mantienen coherencia con la posición editorial: preferimos mantener parte del ahorro en dólares y aprovechar instrumentos indexados en pesos cuando conviene.

Qué no funciona para el ahorrista promedio

  • Mantener todos los ahorros en instrumentos nominales en pesos sin indexación cuando la inflación esperada es superior a la tasa ofrecida.
  • Seguir consejos de rendimientos extraordinarios sin entender el riesgo de tipo de cambio o de contrapartida.
  • Comprar activos ilíquidos como única estrategia para protegerse, sin considerar que puede necesitarse liquidez en crisis.

Un cierre pragmático: del diagnóstico a la acción

La inflación en la Argentina es estructuralmente compleja: combina problemas fiscales, decisiones monetarias, vulnerabilidad externa e inercia por indexación. Eso no significa que no pueda bajarse, pero sí que requiere un paquete de políticas coherente y sostenido en el tiempo.

Para el lector: lo que se puede hacer hoy está al alcance. Mantener parte del ahorro en dólares, usar instrumentos indexados en pesos, diversificar entre plazos y monedas, y evitar concentrar ahorros en productos opacos. Estas acciones reducen el costo de oportunidad de la inacción.

Lecturas y datos fundamentales

  • Para series de inflación y definiciones, consultar INDEC. Las cifras interanuales citadas en esta nota son 36.1% (2020 interanual), 50.9% (2021 interanual) y 94.8% (2022 interanual), todas según INDEC.
  • Para análisis sobre el vínculo entre financiamiento fiscal y precios, revisar informes del Fondo Monetario Internacional sobre Argentina y comunicados del Banco Central de la República Argentina.

En definitiva, entendemos la inflación como un fenómeno con raíces múltiples. No es producto de una sola política ni se corrige con una única medida. Por eso la respuesta eficaz combina disciplina fiscal, política monetaria creíble y decisiones de los hogares para proteger su patrimonio.

Qué podés hacer ahora (lista breve)

  • Revisar tu colchón de emergencia en dólares o en instrumentos líquidos indexados.
  • Evaluar plazos cortos y productos UVA o ajustados si la tasa real es aceptable.
  • No dejar todos los ahorros en un único instrumento; diversificar entre monedas y plazos.
  • Documentarte antes de comprar productos complejos y preferir transparencia y bajas comisiones.

La mejor decisión para muchos no es agitarse, sino armar una mezcla razonable: parte en dólares, parte en instrumentos pesos indexados, y parte en liquidez para oportunidades o emergencias.