La mora crediticia en Argentina pegó un salto que hoy llega a millones: cerca de 5.000.000 de personas con saldos impagos en tarjetas y préstamos, según el relevamiento publicado por iProfesional.

¿Qué está pasando con la mora?

La lectura numérica es clara: la irregularidad en la cartera de crédito a familias trepó del 2,8% en diciembre de 2023 al 11,2% en febrero de 2026 (según datos del BCRA y el análisis de la consultora Qaly), y en abril hubo datos provisorios que ubican la mora casi en 12% (iProfesional). En tarjetas la mora pasó de 1,8% a 11,6% entre diciembre de 2023 y comienzos de 2026 (BCRA según Qaly), mientras que en préstamos personales subió de 4,3% a 13,8% en ese mismo lapso (Qaly/BCRA). El segmento no bancario muestra cifras aún más alarmantes: moras que rondan o superan el 25–30% en varios actores, y préstamos catalogados como “irrecuperables” que pasaron del 2,6% en marzo de 2025 al 10,8% en marzo de 2026 (de acuerdo a EcoGo). Estos son cambios en meses y años, no oscilaciones menores.

¿Cómo impacta esto en las familias y en vos?

El impacto es doble: liquidez inmediata y solvencia de mediano plazo. Qaly muestra que la relación deuda (tarjetas+personales) sobre la masa salarial subió de 0,99 a 2,09 entre abril de 2024 y diciembre de 2025, lo que explica por qué los atrasos se multiplican. Un ejemplo concreto que trae iProfesional: una deuda de $4.000.000 puede terminar costando $6.500.000 si se paga en 12 meses o hasta $22.600.000 en 72 meses por intereses y cargos añadidos (iProfesional), ilustrando el efecto del interés compuesto y del Costo Financiero Total (CFT). Además, el salario real registrado estaba cerca de 9% por debajo de noviembre de 2023 a principios de 2026 (según el mismo análisis citado), con lo que la capacidad de pago no acompaña la carga financiera. Para muchos jóvenes, jubilados y trabajadores informales la combinación entre caída del ingreso disponible y crédito caro se volvió explosiva.

¿Qué están haciendo los bancos y el Gobierno?

Los bancos públicos (Banco Nación, Banco Provincia, Banco Ciudad) lanzaron planes de refinanciación para clientes en aprietos (iProfesional), pero esas soluciones no siempre implican alivio real: las tasas nominales en algunos préstamos personales rondaban 68,3% anual en los primeros días de mayo (iProfesional), y al sumar punitorios, seguros y cargos el CFT puede superar 100–120% anual en casos concretos reportados (iProfesional). Los bancos privados, en cambio, suelen concentrarse en mora avanzada y ofrecen quitas de capital o condonaciones parciales a quienes muestren voluntad de pago. En el Gobierno hay optimismo: fuentes oficiales sostienen que los bancos vieron un pico y que los datos de marzo-abril muestran desaceleración (iProfesional), y el presidente del BCRA señaló problemas de “créditos otorgados a ciegas” en la reapertura del mercado de crédito. La lectura técnica de los analistas es que, sin recuperación sostenida del ingreso real, las medidas puntuales tendrán alcance limitado.

¿Qué podés hacer ahora?

Primero: ordenar prioridades. Mantener o construir un fondo de emergencia equivalente a 3–6 meses de gastos sigue siendo la regla básica. Segundo: priorizar el pago de deudas con mayor tasa efectiva (tarjetas y créditos no bancarios) porque el interés compuesto es lo que convierte una deuda manejable en impagable. Tercero: antes de aceptar cualquier refinanciación, pedir por escrito el CFT total y comparar la cuota mensual efectiva; conviene aceptar solo si la cuota y el CFT bajan netamente. Cuarto: evitar tomar nuevos créditos en el segmento no bancario con tasas y comisiones altas; ese crédito suele agravar la situación (EcoGo, iProfesional). Quinto: conservar parte del ahorro en dólares o instrumentos dolarizados como cobertura (coherente con recomendaciones previas). Si la exposición es grande, buscar asesoría fee-only o asistencia legal si hay ofertas de quita o condonación dudosas. Por último, revisar regularmente el reporte en las centrales de riesgo y negociar con la entidad cuando haya voluntad y capacidad de pago: muchas veces una propuesta razonable y documentada consigue mejores condiciones.

La morosidad no es un dato abstracto: es la traducción contable de familias que llegaron al límite. Como siempre, la mejor defensa es liquidez, priorizar deudas caras y evitar soluciones mágicas que empeoren el CFT.