La última medición del IERAL de la Fundación Mediterránea muestra una caída de la pobreza al 28,2% en el segundo semestre de 2025, contra 38,1% un año antes, pero deja en claro que la mejora es frágil y condicionada por la dinámica de precios y salarios (según IERAL — Fundación Mediterránea).
¿Qué dice el informe y por qué importa?
El estudio elaborado por las economistas Laura Caullo y Guadalupe Galíndez atribuye la baja de la pobreza a una recomposición puntual del poder adquisitivo frente a las canastas básicas: la indigencia, por ejemplo, bajó a 6,3% en el mismo periodo (según IERAL — Fundación Mediterránea). En términos absolutos, 13 millones de personas no alcanzan la canasta básica total y 2,9 millones no llegan a cubrir los requerimientos alimentarios mínimos (IERAL). Estas cifras muestran que la mejora, aunque real en términos porcentuales, deja a una porción masiva de la población en situación precaria. Además, el informe desagrega resultados por aglomerado y documenta fuertes disparidades territoriales, lo que sugiere que la reducción no fue homogénea ni aun cuando el promedio nacional mejoró.
¿Será sostenible esta baja de la pobreza?
Aquí aparece el nudo: la mejora se apoya en ingresos que ya muestran señales de agotamiento. En los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026, los salarios empiezan a crecer por debajo de la inflación. El informe registra que los ingresos del sector privado registrado aumentaron 32,3% interanual, mientras que la inflación general fue 36,2% interanual; considerando el total de salarios la suba fue 37,8% interanual, también insuficiente frente al encarecimiento de alimentos y canastas básicas (IERAL). Cuando los precios de los alimentos crecen por encima del promedio, incluso aumentos salariales cercanos a la inflación general no alcanzan a proteger a los hogares más vulnerables. Además, la heterogeneidad geográfica es notable: en aglomerados como Concordia o Gran Resistencia más del 40% de la población sigue en pobreza, mientras que en Gran Córdoba la incidencia es 23,2% (IERAL). Estas asimetrías elevan el riesgo de reversión.
Qué políticas hacen falta para consolidar la mejora
Desde nuestra perspectiva, una caída de la pobreza será sostenible solo si se combinan medidas que sostengan el consumo de los más vulnerables y políticas que fortalezcan el mercado de trabajo. Primero, hay que proteger ingresos: transferencias focalizadas y aumentos previsionales que sigan el ritmo de los precios de los alimentos, no meramente la inflación general. Segundo, el empleo es central: promovamos créditos orientados a pymes, incentivos a la contratación formal y formación laboral sectorial, porque el salario es también demanda agregada. Tercero, control y transparencia en la formación de precios de alimentos y en márgenes comerciales, junto con programas de abastecimiento y compra pública para canastas populares, pueden mitigar shocks distributivos. Rechazamos financiar la consolidación fiscal con recortes previsionales o salariales; la experiencia muestra que eso destruye demanda y puede revertir cualquier mejora en pobreza. Exigimos además progresividad en los ajustes y transparencia en el uso de recursos.