Un salario que se sostiene con parches
Los números de marzo para los cajeros de Coto y Carrefour dicen bastante sobre cómo sobrevive el poder adquisitivo en Argentina: a fuerza de bonos, sumas fijas y adicionales que se apilan sobre un básico de convenio que, aislado, no alcanza. Un cajero categoría A cobra $1.171.091 de básico según el CCT 130/75. Sumando presentismo (8,33%), antigüedad y el bono extraordinario de $170.000 que pagan las grandes cadenas, el bruto trepa a $1.388.519. Es un salario digno, sí, pero armado con alfileres.
El problema de este esquema es que una parte importante del ingreso — $100.000 en sumas fijas más el bono de $170.000 — vive fuera del básico. No computa para jubilación, no genera aportes a obra social, y es revocable en cualquier negociación paritaria. Es una forma de proteger ingresos sin comprometer la estructura de costos futura de las empresas, pero deja a los trabajadores con una base salarial frágil.
La anatomía de un recibo complejo
Veamos cómo se construye ese $1,38 millones. Primero, el básico de convenio: entre $1.171.091 (categoría A) y $1.183.333 (categoría C). Las diferencias son menores — apenas $12.000 entre extremos — porque el convenio comprime las categorías en la base de la pirámide. Después vienen los adicionales clásicos: presentismo (8,33% del básico) y antigüedad (1% por año). Un cajero con cinco años en la empresa suma $58.555 por antigüedad sobre un básico de A.
Luego están las sumas fijas no remunerativas: $40.000 de un acuerdo previo que se prorrogó, más $60.000 de la última paritaria de diciembre. Esos $100.000 no pagan cargas sociales, lo que representa un ahorro de unos $27.000 para el empleador en contribuciones patronales. Finalmente, el bono de $170.000 que pagan Coto, Carrefour, Cencosud y otras grandes superficies — un reconocimiento a que el básico de comercio está lejos de lo que hace falta para trabajar en una caja ocho horas.
El presentismo como disciplinamiento
El adicional por presentismo merece párrafo aparte. Representa $97.560 sobre el básico de un cajero A — casi 7% del salario total. Es un mecanismo de disciplinamiento laboral: faltás un día sin justificativo médico y perdés el 8,33% del mes. En un sector con alta rotación y condiciones de trabajo exigentes (estar de pie toda la jornada, lidiar con clientes, cumplir objetivos de velocidad de escaneo), el presentismo funciona como zanahoria y garrote.
Desde la perspectiva del trabajador, es plata que no podés arriesgar. Desde la del empleador, es una forma de asegurar cobertura de turnos sin necesidad de contratar personal extra. Pero cuando un cajero llega enfermo a trabajar por no perder el presentismo, el sistema está fallando. Hay que preguntarse si $97.000 no serían mejor distribuidos en el básico que como premio a la resistencia física.
La paritaria que viene y la inflación que no para
Este esquema salarial vence en abril. Para entonces, FAECYS y las cámaras empresariales (CAC, CAME, UDECA) volverán a negociar. La inflación de enero fue 2,2% según el INDEC; febrero cerraría cerca del 2,5% según consultoras privadas. Si marzo mantiene ese ritmo, los cajeros habrán perdido 7% de poder adquisitivo desde diciembre sin actualización.
La discusión va a girar sobre dos ejes: cuánto de las sumas fijas se incorpora al básico (lo que encarece la estructura de costos pero protege el salario futuro) y qué pasa con el bono de $170.000. Las cadenas van a resistir incorporar todo al básico porque eso dispara contribuciones patronales y eleva la base de cálculo para aguinaldo y vacaciones. El gremio va a presionar para que al menos parte se vuelva remunerativo.
El comercio como termómetro de la demanda
Los salarios de comercio importan más allá del sector. Son un indicador del poder de compra de la clase trabajadora urbana y, por extensión, del estado de la demanda agregada. Un cajero que cobra $1,38 millones brutos tiene en mano, después de descuentos, alrededor de $1,1 millones. Con ese ingreso sostiene consumo básico, paga alquileres en CABA (promedio $550.000 para dos ambientes según zonaprop.com), servicios que ya subieron por encima de la inflación, y poco más.
Si estos salarios se erosionan, se resiente el consumo en todos los rubros: electrodomésticos, indumentaria, gastronomía. El comercio es el sector que más empleo genera en Argentina (según el INDEC, 3,2 millones de puestos registrados a diciembre 2025, 21% del empleo formal). Proteger sus salarios no es solo justicia para los trabajadores; es sostener el mercado interno.
La tensión entre margen y empleo
Las cadenas de supermercados operan con márgenes netos del 2-3% sobre ventas, según datos de Cencosud y Coto en sus últimos balances. Cualquier incremento salarial que no puedan trasladar a precios comprime rentabilidad. Pero trasladar todo a precios en un contexto de consumo débil implica perder volumen. La salida ha sido contener aumentos de básico, pagar bonos revocables, y apostar a rotación de personal para evitar acumulación de antigüedad.
Esta estrategia tiene límites. La rotación en cajeros supera el 40% anual según estimaciones privadas. Cada rotación implica costos de selección, capacitación, pérdida de productividad inicial. Y genera un clima laboral frágil donde nadie proyecta quedarse. No es sostenible ni para las empresas ni para los trabajadores construir un sector sobre bases tan inestables.
Propuestas desde el trabajo
Defendemos consolidar salarios mediante la incorporación gradual de sumas fijas al básico, combinando esto con políticas que sostengan márgenes sin trasladar todo el ajuste a precios. Eso implica discutir cargas patronales diferenciadas por sector, revisar la presión tributaria sobre consumo (IVA en alimentos básicos), y expandir protección social para que el salario no sea la única red de contención.
El presentismo debería reformularse: en vez de castigar ausencias, premiar desempeño sostenido sin penalizar enfermedad. Y las negociaciones paritarias deberían incorporar cláusulas de revisión trimestral automática por inflación, para evitar estos saltos abruptos cada tres meses que generan incertidumbre en ambas partes.
Los cajeros de Coto y Carrefour no son solo una categoría del convenio de comercio. Son el termómetro del salario urbano, del consumo popular, de la posibilidad de proyectar algo más allá del mes que viene. Cuidar sus ingresos es cuidar la demanda agregada. Y sin demanda, no hay recuperación que valga.