El salario real en pesos de los trabajadores registrados se contrajo 7,8% entre noviembre de 2023 y enero de 2026, de acuerdo al Índice de Salarios del INDEC. Observamos al mismo tiempo una aparente mejora si se miden los sueldos en dólares: dependiendo de la fuente, los ingresos en moneda dura crecieron entre 5,5% y 8,4% en los últimos 12 meses, y entre 105,9% y 131,8% desde el inicio del gobierno actual, según el relevamiento publicado por iProfesional. Esa doble foto —peor capacidad de compra en pesos, pero mayor valor nominal en dólares— es la que divide el debate público y exige mirar tanto la distribución como el mecanismo detrás del salto cambiario.

¿Qué mide mejor el poder adquisitivo, pesos o dólares?

No hay una sola respuesta técnica: cada indicador cuenta algo distinto. El INDEC mide poder de compra en moneda local y muestra una caída real de 7,8% para los registrados entre nov-2023 y ene-2026 (INDEC). El SIPA ofrece otra mirada: el promedio de remuneraciones privadas llegó a ubicarse 3,7% por encima del último valor de la gestión anterior, pero la mediana apenas quedó 0,8% arriba de nov-2023 y 2,5% por debajo del pico de enero de 2025 (SIPA). Estas diferencias no son menores: el promedio puede ocultar que los sueldos más altos subieron mucho más que los del grueso de la fuerza laboral. Medir en dólares captura poder de compra frente a bienes importados o servicios externos, pero depende fuertemente del tipo de cambio: el BCRA reconoce que el dólar mayorista tuvo su mayor atraso en enero de 2025, lo que explica parte del repunte en moneda dura (BCRA).

¿Cómo impacta esto en los hogares y el mercado laboral?

La caída real no es homogénea. Según el INDEC, el sector público sufrió un derrumbe del 17,9% real desde nov-2023 hasta ene-2026, mientras que el sector privado registrado mostró una contracción de 2,2% en el mismo período (INDEC). Economistas de consultoras privadas señalan que los incrementos mayores se concentraron en los tramos altos de la distribución salarial, lo que impulsa el promedio sin beneficiar a la mayoría (SIPA; Federico Pastrana citado en iProfesional). En términos cotidianos, un salario mayor en dólares puede mejorar el acceso a bienes importados o a ahorro en moneda dura, pero no compensa la pérdida de compra local si la inflación de productos domésticos sigue alta: como lo sintetiza Federico Glustein, la ganancia en dólares puede ser “una ilusión” si no viene de productividad real (Glustein en iProfesional). Además, informes comparativos como el de Focus Market muestran que, en dólares, Argentina supera a Bolivia, Paraguay y Brasil, pero permanece por debajo de Uruguay y Chile (Focus Market), lo que recuerda que la medición comparativa exige ajustar por paridad del poder adquisitivo.

Qué deberían hacer las políticas públicas

La lectura política es clara: ganar poder adquisitivo sostenible exige dos cosas simultáneas. Primero, medidas de corto plazo para proteger consumo y empleo: apoyamos alivios fiscales focalizados y temporales que sostengan el mercado interno, con plena transparencia y sin financiarse mediante recortes a jubilaciones o salarios (posición editorial). Segundo, una agenda de mediano plazo para recomponer competitividad por productividad —crédito para inversión, apoyo a pymes, formación y regulación cambiaria que reduzca la volatilidad del tipo de cambio— en lugar de depender de la apreciación o atraso cambiario como mecanismo de «mejora» en dólares. Estudios de Fundar muestran que la ventaja de ingresos en PPA frente a la región se redujo desde 2018 y requiere políticas productivas para recuperarse (Tornarolli et al., Fundar). En síntesis: medir salarios en dólares tiene utilidad informativa, pero no puede ser la brújula única; la política debe cuidar el poder de compra en pesos hoy y apostar a productividad y equidad mañana.