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La mora familiar se triplicó y pone en jaque al consumo y al empleo

El ratio de irregularidad de los créditos a hogares escaló al 9,3% en diciembre de 2025, sobrecargando presupuestos y amenazando la demanda agregada y el mercado laboral.

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Una canasta con alimentos básicos sin envases de marca en una mesa familiar de uso cotidiano, vista en tres cuartos, profundidad de campo suave

El brusco aumento de la mora entre las familias no es un número técnico aislado: significa tarjetas impagas, planes personales retrasados y cuentas bancarias que se vuelven una trampa para hogares ya acotados. Según el Informe sobre Bancos del Banco Central, el ratio de irregularidad de las familias llegó al 9,3% en diciembre de 2025, frente al 2,5% en diciembre de 2024 (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). Ese salto explica por qué muchas mesas de luz financiera empiezan a tambalear.

Qué dicen los números

El deterioro no es exclusivo de las familias. El ratio de irregularidad del crédito total al sector privado cerró en 5,5% en dic. 2025, contra 1,6% en dic. 2024 — un cambio de tendencia marcado en la segunda mitad del año (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). Dentro del crédito a hogares, el empeoramiento se concentró en préstamos personales y prendarios, líneas típicas del consumo.

Al mismo tiempo, el financiamiento en pesos al sector privado creció 27,4% en términos reales durante 2025, lo que muestra que hubo expansión de crédito al tiempo que aumentó la morosidad (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). Los depósitos en pesos subieron 7,7% real y las colocaciones a plazo crecieron 15,8% real; la liquidez en pesos se ubicó en 32,9% de los depósitos, 2,9 puntos porcentuales por debajo de diciembre de 2024 (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025).

El sistema bancario mantiene niveles de capital holgados: la integración de capital fue 28,6% de los activos ponderados por riesgo y el exceso de capital sobre la exigencia mínima llegó al 253% (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). Sin embargo, la cobertura de la cartera irregular cayó: las provisiones totales representaron el 93% del saldo irregular al cierre de 2025, muy por debajo del 168,4% registrado un año antes (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). Es decir, hay capital, pero disminuyen los colchones específicos contra incumplimientos.

Quién gana y quién pierde

Vemos una disparidad clara: las empresas registraron una irregularidad del 2,5% en dic. 2025 (desde 0,8% en dic. 2024), mucho menor que la de los hogares (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). En la práctica, eso significa que los bancos conservan rentabilidad y solvencia, mientras las familias soportan el costo del ajuste de corto plazo. El sector financiero cerró el año con ROA de 1% y ROE de 4,4%, menores a 2024 pero aún positivos (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025).

Desde la lente distributiva, esta dinámica redistribuye riesgos hacia los hogares: pérdida de ingreso disponible, mayor precariedad y, potencialmente, caída del consumo que golpea la producción y el empleo. Recordamos que el salario es también demanda; un deterioro sostenido del poder de compra hace más probable una recesión con destrucción de puestos de trabajo.

Riesgos para el empleo y la producción

Si las familias recortan consumo porque aumentan los incumplimientos, lo primero que resiente es el comercio y la industria local. Ya observamos crecimiento de deudores hipotecarios —179.500 deudores, 20,6% más que en 2024, con 43.700 nuevas altas en 2025— pero la mayor fragilidad está en créditos más pequeños y de consumo (BCRA, Informe sobre Bancos, dic. 2025). Una contracción del mercado interno elevaría el desempleo y la informalidad, afectando en particular a mujeres y jóvenes que concentran empleos más precarios.

Qué políticas hacen falta

No alcanza con que el sistema financiero conserve capital. Proponemos tres líneas complementarias: 1) proteger el ingreso de los hogares para sostener demanda y empleo —expansión focalizada de la protección social y medidas para consolidar salarios y evitar que la inflación licue ingresos—; 2) mecanismos de reestructuración y alivio para deudas de consumo con morosidad incipiente, combinando refinanciamiento y subsidio temporal a tasas para hogares vulnerables; 3) medidas prudenciales y de supervisión que incentiven provisiones adecuadas y eviten la reapertura indiscriminada de crédito al consumo sin capacidad de pago.

Estas propuestas siguen la línea que venimos defendiendo: consolidar salarios y proteger el empleo mientras se fortalecen redes de protección y políticas activas para sostener la producción y el empleo registrado. Sin acción coordinada, corremos el riesgo de que un problema bancario focalizado en hogares se transmita a la economía real y a los puestos de trabajo.

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