La mora de las familias alcanzó 9,3% en diciembre, su nivel más alto en 20 años, y suma 14 meses consecutivos de crecimiento en la serie (datos del Banco Central; ADEBA registró la continuidad de aumentos hasta diciembre). Este fenómeno concentra el golpe sobre los hogares más humildes y en los créditos de menor monto, poniendo en riesgo la sostenibilidad del consumo y la estabilidad social.
¿Qué pasó con la mora y quién paga la cuenta?
Observamos una brecha clara entre empresas y hogares: la cartera irregular total del sector privado fue 5,5% en diciembre, pero la de los hogares llegó a 9,3% (Banco Central). Las empresas mostraron una dilación de solo 2,5% (BCRA). En la desagregación por producto los préstamos personales presentaron una mora de 12%, mientras que los hipotecarios se mantuvieron bajos en 1,2% (BCRA). En números absolutos, 20.425.756 personas tenían saldos activos con entidades financieras o no bancarias en diciembre, frente a 18,7 millones un año antes; la proporción de adultos con algún financiamiento subió del 55% al 60,6% (BCRA). ADEBA confirma 14 meses seguidos de incrementos en la mora hasta diciembre.
¿Cómo impacta esto en el mercado argentino?
El estrés está concentrado en los segmentos de menor monto y en el financiamiento no bancario. Los préstamos bancarios promediaron una irregularidad de 11,1%, que salta a 15,3% cuando se consideran créditos inferiores a $1 millón (BCRA). Las billeteras virtuales exhiben la peor performance: 24,6% de deuda en incumplimiento en diciembre, y 27,8% en las operaciones menores a $1 millón (BCRA). El sector privado también lo siente: Mercado Libre informó en su balance ante la SEC que la provisión por cuentas dudosas subió 66,4% hasta US$ 3.091 millones entre 2024 y 2025 (Mercado Libre, informe a la SEC). Estos números muestran que la expansión del crédito reciente se apoyó en segmentos de mayor riesgo y en tasas más altas, y que la carga recae sobre hogares de menores ingresos.
¿Por qué pasó? Causas detrás de la ola de morosidad
La explicación combina factores de oferta y demanda. En lo salarial, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro del empleo reducen la capacidad de pago de los hogares; Provincia Microcréditos subraya que la sostenibilidad del crédito dependerá de la recuperación del salario real (Provincia Microcréditos, informe anual). En lo financiero, las subas de tasas en 2025 —asociadas en parte a la incertidumbre electoral— tensionaron el servicio de la deuda y dispararon la morosidad, según la lectura de varios bancos (ABA). La expansión del crédito elevó la proporción de adultos endeudados, pero muchos tomaron préstamos de menor monto y mayores costos, lo que los hace vulnerables cuando suben tasas o caen ingresos. Alejandro Formento (Provincia Microcréditos) atribuye el resultado a una combinación de aumento del costo de vida, deterioro del empleo y caída de ingresos.
Qué debe hacer la política pública
Vemos tres prioridades urgentes y complementarias. Primero, recuperar salario real y proteger el empleo: la demanda interna es condición para la sostenibilidad del crédito; sin recomposición salarial estructural será difícil bajar la mora. Segundo, regulación y supervisión del financiamiento no bancario y las billeteras: imponer límites prudenciales, transparencia en tasas y prácticas de cobranza para evitar sobreendeudamiento predatorio. Tercero, alivio focalizado y medidas macro prudentes: reducir tasas reales mediante estabilización macro que no implique ajuste recesivo, y programas temporales de reestructuración para deudores vulnerables. Provincia Microcréditos y varios actores coinciden en que la reducción de tasas, la recuperación salarial y un marco regulatorio responsable son condiciones necesarias para que la mora deje de aumentar. Nosotros exigimos que cualquier solución combine protección social y recuperación productiva, sin trasladar la cuenta exclusivamente a los trabajadores.